“El afán es poder ver tus escritos en letra imprenta”
Rubén Faustino Cabrera es un cordobés más pilarense que el polo. Durante toda su vida se dedicó a plasmar en una hoja, pequeños mundos inventados para ser leídos por anónimos. Sea haciendo guiones para prestigiosas tiras de humor, como escribiendo cuentos, la actividad literaria lo superó, haciendo de la escritura un estilo de vida full time, sostenido por su trabajo: la fabricación de mimbres de polo.
Cabrera relata a El Diario, particularidades de su carrera como escritor. “En realidad yo quería ser dibujante cuando era adolescente, pero mis viejos me convirtieron en perito mercantil, así que convertí ese afán que tenía de dibujar, en la escritura”, admite sincero y sonriente acerca de la actividad que relegó, pero que siempre lo acompañó bien de cerca. “Pero el afán es poder ver tus escritos en letra imprenta”, aclara.
Es que el hombre, de 62 años, formó parte de más de 15 revistas dedicadas al humor gráfico, tales como Humor, La Urraca y Condorito. Su labor en estas publicaciones comenzó en 1986, trabajando como freelance en Eroticón, una revista que abordaba la temática del sexo desde distintas aristas, entre otras, desde el humor. “Oskar Blotta y Andrés Cascioli eran socios, pero se pelearon y cada uno siguió por su cuenta. Cascioli funda Ediciones de La Urraca, y Blotta, Editores Asociados”, relata el hombre desde su sillón de la casa que habita sobre la calle French del centro de Del Viso.
Fue así como Andrés Cascioli se abre con la publicación Humor, y Oskar Blotta hace lo propio con Eroticón, teniendo entre su plantel de talentos, a Rubén Cabrera. “Ahí fue donde lo conozco a Kripto”, menciona sobre el dibujante con el que compartió muchos trabajos, y quien hoy se desempeña en El Diario.
Pero era tal la capacidad del escritor delvisense que no le tembló el pulso para también, bajo el pseudónimo de Andrés Vilera, escribir en otras publicaciones “de la vereda de enfrente”. “Les dije Vilela y quedó Vilera”, recuerda, a la par que agrega: “nosotros queríamos la plata, no nos importaba dónde escribíamos”.
Cuentos y más cuentos
Su pasión por la escritura comenzó de muy chico, e incluso cuando trabajaba como bancario solía escribir cuentos, fomentados por la lectura. “Descubrís los mundos maravillosos como los de Julio Verne”, resalta el escritor. Tal es así que con tantos años en la actividad, continúa escribiéndolos, y muchos de ellos se pueden encontrar en el sitio cuentosymas.com.ar, un lugar virtual dedicado a pequeños relatos, patrocinados por el Ministerio de Educación de la Nación. “Siempre llevo una birome y un papel, porque uno no puede confiarse en la memoria”, indica Cabrera.
Consultado por el cambio de soporte desde donde compartir sus trabajos, admitió que “Internet me ayuda mucho. Me ven de otras páginas y en publicaciones de España, Uruguay, Méjico y de acá”, comenta, sobre los textos firmados con el nombre de Rubén Faustino Cabrera. “Fue una imposición de mi padrino y tío, pero con el tiempo me ayudó a diferenciarme de los otros Rubén Cabrera”, dice.
Actualmente está abocado, junto a otros miembros del taller literario A.L.M.A., a la escritura del libro de los 80 años del Club Unión.
“Es muy difícil vivir de la escritura”
A pesar de haber trabajado como guionista y escritor, admite que no son muchos los que integran el selecto grupo de aquellos que viven de la escritura. Para subsistir, Rubén Faustino Cabrera se dedica a un rubro particular. En el fondo de su casa fabrica mimbres para canchas de polo. “Lo aprendí de un artesano, Marcelo Zapata”, menciona al hombre que le transmitió los secretos de la fabricación de los comúnmente llamados arcos de polo. Sus productos han tenido como destino a Inglaterra, Venezuela, Arabia Saudita y otros puntos del planeta. “Tardo entre 3 y 4 días para hacer los dos pares”, cuenta.