Ellas nos inspiran

María de los Remedios Escalada: amores que hicieron historia

Por Redacción Pilar a Diario 17 de agosto de 2022 - 10:33

Él tenía 34. Ella 14. Pero alcanzó una mirada para que nada se interpusiera entre ellos. Compartieron la vida, el campo de batalla, la causa. A pesar de haber sido separados por la guerra, la enfermedad y la muerte, fueron los protagonistas de una de las historias de amor más intensas de la historia argentina.

Remedios nació en la ciudad de Buenos Aires el 20 de noviembre de 1797, hija de Antonio José de Escalada y de Tomasa de la Quintana. La casa de los Escalada, que estaba en la esquina de la actual San Martín y Perón era un lugar obligado para los que querían hacer política. Sus hijos Manuel y Mariano se incorporarían al Regimiento de Granaderos.

Fue bautizada en la Iglesia de La Merced como Remedios Carmen Rafaela Feliciana (tal su nombre completo). Fueron sus padrinos doña María del Carmen Sobremonte y don Francisco Antonio de Escalada.

Florencia Grosso recopiló datos de ella en su libro “Remedios de Escalada de San Martín su vida y su tiempo ” donde explica que se destacaba porque sabía hablar francés y tocaba el piano. “Hemos encontrado alguna referencia a que cantaba con gusto. Su instrucción, su refinamiento, y el halo de prestigio recibido por heredad, hacían de ella el ejemplo de la perfecta damita de su tiempo”, describió.

El encuentro entre Remedios y San Martín fue 1812 en una de las reuniones sociales más populares de esa época: las tertulias. Las que se realizaban en la casa de los Escalada los domingos eran famosas debido a la posición social del padre de Remedios, quien era funcionario capitular, trabajaba en el comercio y tenía relación con los mercaderes franceses e ingleses.

Al solicitar San Martín su mano, Remedios rompió el compromiso contraído con Gervasio Dorna, quien se alistó en el Ejército del Norte.

Remedios y José se casaron el 12 de septiembre de 1812 en la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, después de una firme pero breve oposición de la familia de la novia. Más de la madre que del padre, ya lo dijimos. A partir de allí, todo ocurrió muy rápido, como veloz era el reguero de la revolución que se extendía por la América hispánica.

En enero del año siguiente, San Martín, al mando de 125 hombres, partió hacia Santa Fe con la misión de proteger sus costas ya que escuadrillas españolas remontaban el Paraná asolando a las poblaciones ribereñas. En febrero, el Regimiento de Granaderos a Caballo tendría su bautismo de fuego en San Lorenzo.

Durante 1813, la pareja vivió en Buenos Aires hasta que San Martín debió partir a Tucumán a hacerse cargo del Ejército del Norte. Por sus problemas de salud, debió alojarse en una estancia en Córdoba para recuperarse. Mientras tanto, Remedios continuaba en Buenos Aires.

Volverían a verse a fines de 1814 en Mendoza, cuando San Martín fue nombrado gobernador intendente de Cuyo. Vivían en una casa que el Cabildo había alquilado a la familia Delgado. El solar está ubicado en la calle Corrientes 343, ocupado por años por un taller mecánico. Trabajos arqueológicos realizados allí dieron con los pisos originales y el lugar, debidamente preservado, abrió como museo. Quizás, fueron los años más felices que pasaron juntos. En “El santo de la espada ”, Ricardo Rojas describió la actividad de la joven pareja. Y ayudó a construir un mito.

En aquellos días felices, en los que San Martín preparaba la campaña para liberar a Chile y Perú, el 24 de agosto de 1816 nació Mercedes Tomasa de San Martín, la única hija de ambos.

 

La bandera de los Andes y las joyas

La pareja celebró la Navidad de 1816 en la casa de Manuel de Olazábal. Fue en el brindis cuando San Martín manifestó el deseo de hacer una bandera para su ejército. Dolores Prats, Margarita Corvalán, Mercedes Alvarez y Laureana Ferrari pusieron manos a la obra. Durante días estuvieron recorriendo, sin suerte, la calle Mayor en la búsqueda del color adecuado y de seda de bordar color carne para las manos del escudo. San Martín insistía en tenerla para Reyes.

El 30 de diciembre, Laureana y Remedios volvieron a recorrer la ciudad hasta que dieron con una calle llamada del Cariño Botado. Dieron con el color adecuado en una tienda, aunque no consiguieron seda, sino sarga. Remedios cosió la bandera, de dos abanicos. Para completarla tomaron algunas lentejuelas de oro; se procuraron perlas de un collar de Remedios y de una roseta de diamantes sacaron piedras para el sol del escudo. Así fue como el 5 de enero a la mañana San Martín tuvo su bandera.

Fue también, Remedios quien promovió la entrega de las joyas personales, gesto que imitaron las damas mendocinas el 10 de octubre de 1815 para contribuir al equipamiento de las fuerzas.

Ese mismo mes, San Martín envió a su esposa y a su pequeña hija de regreso a Buenos Aires. Remedios murió sola, sin la compañía del hombre que había amado. San Martín no abandonó la casa de Mendoza, su vida corría peligro en Buenos Aires, pero esa no fue excusa suficiente. Las exequias de Remedios fueron en la más completa soledad, su padre querido también había muerto.

Entonces padre e hija se embarcarán en un viaje largo y definitivo al viejo continente, donde ella lo acompañará hasta su muerte

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