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¿Conoces la verdadera historia del Ratón Pérez?

viernes, 6 de mayo de 2022 · 10:40

El Ratón Pérez es un personaje de leyenda muy conocido por los españoles e hispanoamericanos. Todos los niños saben que cuando se les cae un diente de leche, lo tienen que colocar debajo de su almohada y según dice la tradición esa noche mientras duermen el pequeño ratoncito se lo cambiará por una moneda.

Esta tradición se adapta en cada cultura y es un personaje distinto el que se encarga de esta importante tarea según el país en el que nos encontremos, el “Hada de los dientes” en los países anglosajones, “Petite Souris” en Francia, “Fatina Dentina” en Italia y “Ratai-Chi” en algunas zonas de Asia Oriental.

Para conocer los orígenes de la verdadera historia, tenemos que remontarnos hasta finales del siglo XIX. El Ratón Pérez es un personaje de un cuento que escribió el jesuita Luis Coloma, por petición de la Reina Regente María Cristina, para el Rey Alfonso XIII cuando éste tenía aproximadamente ocho años.

Según explican Marco y Peter Besas en su libro “Madrid Oculto”, Coloma desarrolló un relato de poco más de una decena de páginas en torno al Rey Buby I, un nombre basado en el apodo con el que la madre se refería al pequeño monarca. En el cuento, tras perder Buby su primer diente de leche, este lo colocó debajo de la almohada, junto a una carta, para la visita del Ratoncito Pérez. La historia, después, narra cómo el niño y el ratón recolectan por la noche los dientes de los niños de Madrid, para llevarlos a la casita del roedor.

Su morada se situaba en la pastelería Carlos Prast. En la casa, el personaje análogo de Alfonso XIII conoce a la familia de su singular amigo. Coloma incluyó aquí otro apunte que identificaba al futuro rey dentro de la narración: los ratoncitos vivían en una caja de galletitas Huntley, sus preferidas.

Según dice la propia dedicatoria del autor, el cuento fue escrito para mostrar al rey la fraternidad humana, donde todos los hombres sean ricos o pobres, buenos o malos son hermanos e instruirle en su deber de proteger y velar por sus súbditos.

En la Biblioteca del Palacio Real en España se encuentra un manuscrito que el padre Luis Coloma le dedicó a Alfonso XIII. El mismo data de 1894 pero recién en 1902, cuando el Rey comenzó a ejercer las facultades de su poder se publicó el primer cuento del simpático ratoncito.

De esta forma, el entrañable Ratón Pérez acabaría por convertirse en un personaje muy famoso. La pastelería donde vivía ya no existe y en su lugar hay unas galerías comerciales.  El 5 de enero de 2003 el Ayuntamiento de Madrid estableció una placa en la fachada de la antigua confitería donde se suponía que habitaba.

Incluso en el interior del pasaje comercial de la misma calle se ha instalado una estatua del Ratoncito Pérez.

Y por si esto fuera poco, se ha creado una casa museo en homenaje al personaje madrileño más universal.

Hoy en día existen un sinfín de adaptaciones en libros, dibujos, películas y series sobre todo en los países donde la lengua predominante es el español. Y muchos padres siguen fomentando las ilusiones de los chicos y chicas que siguen adorando a este personaje a pesar del paso de los años.

Curiosamente pocos conocen el origen verdadero de este personaje mágico, más allá de su labor recolectora de dientes.

 

¿Es buena la historia del ratón Pérez para las niñas y los niños?

Múltiples psicólogos se han preguntado sobre la función y los beneficios no solo de las fantasías que se crean los niños o de las historias que les contamos como una manera provisional de explicarles un mundo demasiado grande para ser comprendido. Es el caso, por ejemplo, de la psicóloga Carmen Durán, quien planteó los beneficios de esta anécdota en su libro “La Benevolencia”. Según ella, la historia del ratón Pérez genera un impacto positivo porque “ayuda a los niños a asumir la pérdida de sus dientes de leche, al recibir un premio por ellos, haciendo más llevadero ese pequeño trauma”.

Sin embargo, esto no significa que debamos engañarlos. Siempre hay que recordar que estas historias son una manera de hacer más llevadero el proceso, pero no deben ocultar para siempre la realidad. Hay que contarle la verdad en el momento apropiado. Aunque quizá esto no deba preocuparnos demasiado, después de todo no son pocos son los casos de niños/as que descubren a sus padres con las manos en la masa.

¡Esperamos que hayas disfrutado como niño esta columna!

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