Ellas nos inspiran

SARA BARTFELD DE RIETTI: la ciencia tiene rostro de mujer

Por Redacción Pilar a Diario 18 de marzo de 2022 - 07:49

Sara Bartfeld de Rietti, más conocida como Sara Rietti, fue la primera química nuclear de Argentina y referente de la lucha por la democratización de la ciencia. 

Sara nació en Buenos Aires el 3 de diciembre de 1930. Su padre era un descendiente ucraniano y su madre polaca, él la incentivó en las ciencias exactas al verle facilidad para las matemáticas. A ella le habría gustado estudiar Filosofía, Historia o Ciencias Políticas, pero siguió el consejo paterno. Estudió Química.

En 1949 inició sus estudios en Química en la Universidad de Buenos Aires. Cuando en 1953 fue a hacer el último examen de la carrera, la facultad estaba intervenida y no había mesas a las que sentarse para escribir. Tuvo que ir a examinarse a Bariloche, a la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Así fue como se convirtió en la primera mujer química nuclear argentina. Una mujer pionera en un mundo que reservaba (y aún reserva) los podios para los hombres. 

En 1952  se casó con el también químico Víctor Rietti, con quien tuvo dos hijas y un hijo, mientras continuaba su trabajo en el campo de la investigación científica. 

Rietti comenzó su doctorado en 1954. A lo largo de casi una década se dedicó a estudiar los hidruros de boro, compuestos usados en la tecnología aeroespacial. Esos materiales no pueden recibir ni aire ni humedad y deben permanecer siempre fríos, así que Sara debía vigilar sus compuestos incluso los fines de semana y por ello debía acudir a su laboratorio acompañada de sus hijos. Finalmente, obtuvo su título de doctora en 1963.

Carrera científica y familia no fueron las únicas ramas de su vida que Sara tuvo que compaginar. Tenía una viva conciencia política en una época de convulsiones sociales políticas en Argentina, lo que le llevó a ejercer un activismo que también ocupaba gran parte de su tiempo y de su talento intelectual.

El 29 de julio de 1966, durante la dictadura militar que llevó a Juan Carlos Onganía al poder, Sara vivió en primera persona la “Noche de los Bastones Largos”. Estaba en asamblea en la Facultad con Víctor, sus colegas y el decano Rolando García cuando la policía entró a golpes de bastones para intervenir esa y otras facultades de la UBA. 

Después de este episodio, muchas personas tuvieron que exiliarse. Ella no solo no se fue, sino que convirtió su casa en el centro de operaciones desde el que se organizaron los exilios en tres corrientes: Venezuela, Chile y Brasil. Era fundamental que quienes partían no lo hicieran hacia los países centrales. Sabía que, de ser así, costaría más que volvieran a la Argentina. Y sabía de la potencia que podía tener la investigación hecha desde esta parte del mundo.

Con quienes se quedaron, creó el Centro de Estudios en Ciencia. También ocupó un lugar destacado en el consejo directivo del Centro Editor de América Latina.

Cuando, en 1976, una nueva dictadura mucho más sangrienta que la anterior sacudió a la Argentina, Rietti estaba trabajando como directora de coordinación en el INTI. Pero en esta oportunidad tampoco se exilió: se refugió trabajando en un proyecto ambiental hasta que, en 1983, volvió la democracia y con ella las instituciones.

Además fue una de las responsables de gestionar el regreso al país de César Milstein, ella le pidió a fines de 1983 que apoyara al fortalecimiento del país. El científico, que residía en Cambridge, aceptó la invitación y empezó a visitar su país natal todos los abriles de cada año. 

Manuel Sadosky la nombró jefe de Gabinete, cuando este fue secretario de Ciencia y Tecnología durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Desde 1994 hasta su deceso fue coordinadora académica de la maestría “Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología” de la UBA, y docente asesora del rectorado de esa institución. 

También participó en todos los ámbitos de docencia, gestión e investigación en donde se desenvuelve la línea de pensamiento de Oscar Varsavsky, en el campo de las políticas para la ciencia, tecnología y sociedad. Con Gregorio Klimovsky y José Babini fundó el Centro de Estudios de Ciencias. 

Rietti vivió defendiendo la bandera de la democratización del conocimiento. Para ella, la participación de toda la sociedad en las decisiones científicas era una prioridad, en especial la de las poblaciones afectadas más directamente por los nuevos desarrollos tecnológicos. Para garantizar este diálogo, para lograr que la ciencia tuviera identidad y valor social, un punto clave era el de la evaluación científica.

Ella nunca negó las desigualdades entre los varones y las mujeres en ciencia. De hecho, formaba parte de la Red Argentina de Género en Ciencia y Tecnología (RAGCyT), grupo pionero en estas temáticas.

Ella trazaba un interesante paralelo entre las mujeres y los países periféricos respecto a su posición frente a la ciencia: ambos colectivos hacen un esfuerzo por “parecerse”, ya sea a los varones o a los países del primer mundo. Insistía en realzar y sostener la diferencia de género tanto como el latinoamericanismo. Una forma distinta de hacer ciencia que se manifiesta mayormente en la elección de los temas, en las preguntas que se formulan, en los modelos y metáforas que se despliegan para forjar las explicaciones”.

Sara Rietti murió el 28 de mayo de 2017, pero su pensamiento sigue presente en jóvenes que buscan sacar la ciencia de los laboratorios y llevarla a las calles, a los pueblos, a los barrios, donde están las comunidades a las que debe responder y defender. Sosteniendo las ideas que ella reivindicó hasta el final, ofreciendo miradas alternativas, pensando nuevos modos de gestión, cuestionando la idea de la neutralidad de la ciencia y, sobre todo, luchando por un quehacer científico digno, en la Argentina y en Latinoamérica.

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