Los guacamayos rojos habían sido vistos por última vez en Argentina hace más de un siglo y medio. Hoy, se puede decir que consolidaron su regreso al país. Fue gracias a un proyecto de la Fundación Rewilding Argentina iniciado en 2015, que incluyó enseñarles a volar y a alimentarse. Los ejemplares provienen de situaciones de cautiverio.
GUACAMAYOS ROJOS: estuvieron extintos 150 años y ahora vuelan el cielo de los Esteros del Iberá
El origen de los guacamayos que llegan a Corrientes para su recuperación es diverso, algunos provienen de Ecoparque, otros de Temaikén y algunos son producto de incautaciones por tráfico o tenencia de fauna silvestre. Todas estas aves padecían la misma realidad: el cautiverio.
Por carecer de libertad, no estaban aptos para volar. Pichones, adultos o con las plumas cortadas, que en muchos casos fueron injertadas, tuvieron que atravesar un entrenamiento de vuelo durante meses para "enfrentar" la vida silvestre.
Hace diez años que Elena Martín está en Aguará y es la responsable del proyecto Guacamayos Rojos de la fundación, en la etapa de cuarentena y recuperación. "Llegan en mal estado, estresados, desnutridos, algunos con las plumas cortadas. Los anestesiamos para hacerle los análisis y revisión y luego empezamos el tratamiento, rehabilitación y entrenamiento", detalla en diálogo con Télam.
Sobre el entrenamiento de vuelo de estas aves con vistoso plumaje rojo y azul, cuenta que se inicia con distancias pequeñas y se avanza hasta que logran hacer 30 vuelos completos por día. El cambio es progresivo y lleva varios meses.
El biólogo Nicolás Carro y 2 colaboradores son los responsables del entrenamiento de vuelo, que comienza en una jaula gigante de 30 metros en medio de la naturaleza y con árboles en su interior. Si bien ingresan al recinto, el equipo no tiene contacto directo con las aves y todas las actividades del trabajo se desarrollan en altura. Y entonces con una señal breve de sonido, el guacamayo se desplaza hasta un palo, sobre un sector pintado de un color, de allí a la herramienta a la que llaman percha y cuando lo logra recibe su recompensa.
Y luego comienzan los silbatos que indican el despegue y así, de un punto a otro, un premio tras otro y el maravilloso espectáculo del despliegue de sus alas. Imponente.
Pero eso no es todo. También se ocupan de la alimentación, para que reconozcan los frutos y semillas que consumirán en las selvas porque, lo que debería ser natural, les resulta desconocido a los guacamayos que padecieron el encierro.
Cuando todo ese aprendizaje llega a su fin, el siguiente paso para los guacamayos rojos es la "presuelta".
En la reserva Yerbalito en los esteros del Iberá, un grupo de jóvenes, entre ellos un biólogo, dos estudiantes de veterinaria y dos voluntarios: reciben a los guacamayos, que ya saben volar y alimentarse con frutos silvestres.
Todos tienen collares, que funcionan como transmisores de una señal VHF que se capta por telemetría. Casi un trabajo de ingeniería en medio de la selva, de difícil acceso y sólo de a pie, a veces invadida por jejenes.
Como cada ave es diferente y sus comportamientos distintos, las identifican con simpáticos nombres, algunos ya los traen y otros son creatividad de ellos y así está el guacamayo "Pistacho", "Merei", "Pimentón" y "Pascu", entre otros.
El proyecto de reintroducción de guacamayos rojos, ha dejado huellas, sinsabores, alegrías y sobre todo esperanza. Hoy, 24 ejemplares en libertad sobrevuelan los Esteros del Iberá, 11 de ellos en período de presuelta en la reserva Yerbalito, y cuatro más en recuperación en el Centro Aguará.
¡MARAVILLOSA NOTICIA!