Tengo un oso triste en casa

Por Martina Cabrera.

Por Redacción Pilar a Diario 17 de junio de 2019 - 00:00

Por Martina Cabrera*

En el día de hoy le pregunté a mi padre cómo se sentía y cómo nos veía a nosotros, a esta familia que construyó  junto a mi madre y que tanto cuidan hace varios años.
Su respuesta fue contundente: “Me  siento como un gran oso herido, triste y enfermo. Soy ese oso protector que ve flaquear sus fuerzas y que, sin embargo, vuelve a levantarse cada mañana. Mis compañeros de trabajo, de fútbol y los hombres del barrio me contaron que sienten lo mismo, somos osos heridos. Nuestras compañeras resisten, son reinas que nos alientan, que luchan a nuestro lado y que no nos permiten bajar los brazos. Nuestros hijos son nuestro futuro, son los que nos dan ganas de salir a la calle a construirles reinos mejores. Pero hija: estamos viejos y cada día cuesta más.”
Señoras y señores, tengo un oso herido en casa, tengo a mi oso triste y encerrado entre cuatro paredes, mi oso está enfermo. Mi oso me curaba las rodillas raspadas y me secaba las lágrimas al volver del jardín, mi oso no se quejaba del dolor de espalda y me subía a sus hombros para que tuviera mejor vista, mi oso me contaba cuentos para que pudiera dormir e inventaba historias para que dejara de llorar, mi oso no apagaba la luz porque no quería que le tuviera miedo a los monstruos debajo de la cama, mi oso me prometía que todo iba a estar bien y me llevaba de la mano orgulloso a todos lados, mi oso que siempre fue tan fuerte ahora esta triste.
Este país se ha poblado de osos tristes que cada vez se aíslan más y miran imponentes a sus retoños, y es a esos osos a los que les hablo hoy.
No se asusten, no se oculten, no teman decir cómo se sienten. Nos han enseñado bien y tal vez sea hora de que aprendan a dejarse cuidar. Tal vez sea momento de que los enfermeros seamos nosotros los jóvenes.
Vendremos con nuestros kits llenos de golosinas, de gasas y de agua oxigenada y les cantaremos las mismas canciones que nos cantaban ustedes, mientras les curamos las heridas. Tengan paciencia, reúnanse, abracen y digan “te quiero” más seguido que ahí estaremos nosotros para acompañarlos y demostrarles que siempre habrá un mañana por el que tener la vela de la esperanza bien prendida.
A todos nuestros osos: ¡feliz día!
Aquí les dejo un regalo: este hermoso dibujo que le pedí a mi tía Stella Benítez, que es ilustradora. Su interpretación resultó tan exacta que no pudo más que entibiarme un poco el pecho en un día frío de junio. Espero que genere lo mismo en ustedes.

*Estudiante de Letras, fotógrafa.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar