por Alejandro Lafourcade
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“Si visita Cuernavaca, conozca Pilar”, decía el slogan hace varias décadas atrás. Dicen los memoriosos que lo creó Fredi Llosa, miembro del grupo de jóvenes que en 1966 fundó el lugar para tener un sitio propio para encontrarse y pasarla bien, sin mayores ambiciones comerciales.
Ahora, casi 53 años más tarde (los cumpliría en febrero), Cuernavaca cerró sus puertas… El local de Bolívar al 500 que se resistió a ser un boliche igual a todos, el sitio de referencia de tres generaciones, una marca registrada del centro, ya es parte del recuerdo.
“Es una decisión que ya venía masticando desde hace tiempo –expresó a El Diario Daniel Blesa, su propietario desde hace casi 30 años-. El año pasado no ayudó, la verdad tampoco ayudé mucho yo… Decidí esto también porque es una etapa que ya está, ya pasó”.
Con respecto al futuro, afirmó que “en este momento no visualizo nada, no tengo planes inmediatos. Es un año difícil para todos”. Sin embargo, hay una clave: están en venta el lugar y sus instalaciones, pero no el fondo de comercio. “Es un final abierto, no sé qué puede pasar en el futuro”, señala.
Presente
¿Cómo será un fin de semana sin Cuerna? Blesa confesó que “hace ya dos años que no estaba mucho en el negocio, lo manejaban más los RR.PP. Me fui alejando despacio”.
Pero, claro, “lo voy a extrañar. El cierre de Cuernavaca me provoca lo mismo que a todo el mundo, lo disfruté de la misma manera que todos”.
Su relación con el lugar nace casi desde el principio, primero como cliente, luego como parte de un grupo que a fines de los ’80 lo alquiló por algunos meses en una época de vacas flacas: junto a él estaban Lucas Sordo, el Lagarto Ferrá, Chiquito Torres, Germán Aón y Toto Checchi. “Fue una época inolvidable, de lo mejor de mi vida”, recuerda.
A principios de los ’90 se convirtió en dueño, en sociedad con Manucho Grillo y Federico La Greca. Con el tiempo compró ambas partes y quedó como único propietario. “Pero ya llegó el final, ya está, todo tiene su tiempo”.
Como integrante de una familia de comerciantes pilarenses desde tiempos de su bisabuelo, Blesa repite varias veces que “el comercio es el verdadero motor del pueblo. Hoy Pilar ya es ciudad y necesita otra cosa, me preocupa por el corazoncito que tengo con este lugar”.
Social
Cuernavaca fue un clásico que, durante medio siglo, mantuvo la frescura y la esencia de sus primeros días. Concebido como punto de encuentro, sus responsables a lo largo de los años mantuvieron siempre como prioridad que el sitio guardaría un halo especial. Quizás, el secreto de Cuernavaca es el haber nacido con un concepto de fraternidad que superó al mero hecho de comerciar.
Muchas parejas y familias actuales tuvieron su origen en sus recovecos, y esos jóvenes de antes fueron los padres de hoy que siguen yendo a Cuerna, cruzándose con sus hijos sin ningún problema.
Desde que un grupo de chicos y chicas de la ciudad decidió inaugurar ese “quinchito” en el cual poder reunirse –en ese entonces todos los días-, Cuernavaca siempre conservó su intención original.
Ese clima creado hace más de cinco décadas perduró hasta el último día. De hecho, cada año los fundadores, dueños, amigos y clientes se juntaban para celebrar el aniversario del templo.
Cambiaban las modas y los códigos, llegaban nuevos lugares a Pilar, pero Cuernavaca siempre estaba… “Nunca me gustó decirle boliche –indicó-, porque era más que eso, era un lugar de encuentro. Durante décadas no necesitamos personal de seguridad, sólo tuvimos cuando ya fue una exigencia. Además, jamás tuvo sector VIP: en Cuernavaca, todos eran VIP”.
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