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Partió de Pilar para vivir una vida nómada

Esteban Fiscella comenzó la travesía hace más de un año. Y planea llegar hasta Cuba. Lo acompañan su perra Eureka y Jenny, una combi modelo ‘79.
Por Redacción Pilar a Diario 15 de enero de 2019 - 12:14

A pesar de los miedos, un día el pilarense Esteban Fiscella se levantó y decidió que era el momento de despejarse de todas las ataduras para comenzar un viaje que lo llevara a recorrer Sudamérica con un único objetivo: conseguir la ansiada libertad siendo protagonista de una vida nómada y sin tiempos.  

Hoy, un año y dos meses después, siente que no solo logró su gran propósito sino que en el camino cosechó grandes amistades y anécdotas que quedarán para siempre grabadas en su retina.

Pero, obviamente, este viaje no podría haberlo hecho solo y, por eso, además de los amigos que le regaló la ruta, está siempre acompañado por Eureka, su perra, y Jenny, la combi brasileña modelo ’79 en la que viaja y que, más que un vehículo, es una fiel amiga.

En su camioneta, que además de oficiar de casa es “arte andante”, no faltan la guitarra, el ukelele un charango y la música. Además, para solventar los costos del viaje, en cada parada vende sahumerios y ropa de mujer y la feria ambulante la acompaña cantando temas a la gorra.

Y, más allá de que como en toda aventura suelen presentarse ciertas vicisitudes, por el momento, las expectativas están siendo más que satisfechas y los deseos de volver a Pilar, siguen estando en un lejano horizonte.

De hecho, la ruta ya está marcada. Así, durante los próximos dos meses seguirá en Perú – donde se encuentra actualmente – para luego seguir a Ecuador, en donde planea establecerse durante tres meses. Luego le sigue un semestre en Colombia para ir a Brasil desde donde espera poder entrar a Venezuela y de allí llegar hasta Cuba.

Sin poder disimular la alegría de estar cumpliendo un sueño que durante muchos años fue postergado por responsabilidades laborales y personales, Esteban contó: “Lo más lindo del viaje fue conocer a tanta gente que siempre dio una mano, conocí muchos amigos. La verdad es que nunca se viaja solo, siempre vas levantando gente en el camino”.

Y entre las muchas posibilidades que le regaló esta travesía sin fin, una de las que más recuerda fue dormir en el Salar de Uyuni, en Bolivia, con una temperatura de -10 grados.

Con un itinerario escrito en un papel que oficia de guía, a más de 4.500 kilómetros de Buenos Aires Esteban no se olvida de su familia y de sus amigos, que le dieron el empujón anímico necesario para tomar una decisión que, definitivamente, le cambió la vida.

“El viaje no podría haber sido posible sin el empujón de mi vieja, de mi hermana, de Santiago Cos, de Mauro y Martín Morales y, en realidad, de todos mis amigos”, reconoció, emocionado.

Sin dudas, tampoco hubiera sido posible sin la gente que se cruzó en su camino durante la aventura. Desde los que le ofrecieron agua, recurso difícil de conseguir en muchos de los lugares que recorrió, hasta un plato de comida, una cama para dormir e, incluso, una cubierta para Jenny.

Esteban sabe que sin todas esas manos que lo ayudaron no podría haber concretado su sueño y, por eso, no esconde su agradecimiento sincero.

Hoy, vive una vida nómada con la que se siente a gusto, una vida sin las estructuras que impone la sociedad, una vida que lleva como lema la frase que le regaló un compañero de ruta: “no somos del nido en el cual nacemos, sino de los vientos que decidimos volar”.

Contacto

El viaje de Esteban, Eureka y Jenny se puede seguir a través de la página de Facebook “X Sudamérica con Jenny”.

 

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