No es necesario retroceder tanto en el tiempo: hace veinte años atrás, el mundo de los tatuajes (y los tatuadores) era casi exclusivo de los hombres, y las mujeres que decidían ser tatuadoras o bien usar su propia piel como lienzo, eran en muchos casos juzgadas.
Pero el tiempo pasó y las cosas cambiaron. Ahora tareas, profesiones u oficios que antes eran reservados para los hombres, empezaron a ganar terreno entre las mujeres.
Un ejemplo claro de esto es el de Sofía Labella, una joven pilarense de 19 años que, aún a su corta edad, descubrió que los tatuajes son su pasión, y no piensa dejar de lado su sueño de poder tener su propio local para expresar su talento artístico a través de la tinta.
Estudiante de Artes Visuales en la Nueva Escuela, se autodefine como “una chica muy inquieta”, que siempre está buscando nuevas formas de expresión.
Así llegó al mundo del tatuaje, como ella misma dice, “sin querer, queriendo”. Tras haber dejado una carrera que no le gustaba, se encontró con la difícil labor de buscar nuevos rumbos. Y averiguando por distintos cursos y talleres, encontró uno de iniciación en la técnica del tattoo. Sin dudarlo, lo arrancó y le encantó. Desde que terminó ese curso, no paró de tatuar. Sintió que había descubierto su verdadera vocación.
Entrevistada por El Diario, contó cómo se preparó y cómo es ser tatuadora, en un submundo predominantemente machista.
-¿Qué tipo de preparación requiere, o requirió en tu caso, ser tatuadora?
Aprender a tatuar no es simplemente ir y hacer un curso, es algo que lleva tiempo y práctica. Yo lo sigo descubriendo día a día y aprendo algo nuevo cada vez que tatúo. En mi caso fueron meses de práctica antes de tatuar por primera vez, y también practiqué mucho en mí misma luego de aprender todos los conceptos de higiene, que sin dudas es lo más importante al momento de tatuar.
-Entonces imagino que tenés tatuajes. ¿Qué representan para vos?
Sí, tengo 13 tatuajes y muchos más en mente. Sé que todavía soy chica y tengo mucho tiempo por delante para seguir tatuándome pero cuando se me pone uno en la cabeza, no tardo mucho en hacérmelo. Los tatuajes para mí son una forma de expresarme libremente, de poder decorar mi cuerpo como yo quiera, de adueñarme de él y de poder plasmar mis pensamientos o aquellos diseños que más me representen.
-Se suele decir que es un mundo más bien machista. ¿Alguna vez lo sentiste así?
Por suerte nunca sufrí ningún tipo de discriminación por ser mujer y querer tatuar. Es más, es algo que a la gente que me conoce le agrada. No hay muchas chicas de mi edad que tatúen y se ve que eso llama la atención y, de alguna manera, hace que confíen en mí.
-¿Hoy por hoy podés dedicarte full time?
Por el momento no, aunque me encantaría poder hacerlo. Pero la realidad es que gran parte de mi tiempo lo consume la carrera que estoy estudiando, que está muy relacionada con los tattoos y el mundo del arte. Siento que me ayuda muchísimo a mejorar mis técnicas de dibujo y a definirme como artista.
-¿Cómo te ves en el futuro?
Me veo teniendo mi propio local, o viajando y tatuando en los mejores locales del mundo. Me interesa mucho seguir expandiéndome en esta área y aprender todo de la técnica. Hoy por hoy tatúo en mi casa, en la cual me pude armar un cuarto especial para tatuar tranquila y cómoda. Por suerte mi familia me apoya muchísimo y me ayudaron a armar un estudio que quedó perfecto para recibir a mis clientes.
-Por último, siendo tatuadora y además teniendo tatuajes, ¿qué les dirías a los que están indecisos con respecto a hacerse uno?
Les diría que la vida es una sola, que uno no sabe cuándo va a dejar de estar y dejar de hacerlo por dinero, que es algo que va y viene, o por dolor, que es muy relativo y de hecho puede no doler tanto, no debería impedirte de hacer algo que realmente tenés ganas.
Es maravilloso sentir que alguien te confía su piel, y más cuando lo hacen por primera vez. Saber que te dan su piel para que vos les hagas algo que les va a durar para toda la vida, es hermoso.
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