Pilar Joven

De Pilar a Italia, sin escalas

La joven Aranzazu Villarino ganó un concurso por una obra y viajará a Roma. Siempre con un lápiz en la mano, con solo 18 años, logró atravesar los vaivenes a los cuales la enfrentó la vida con el grafito como salvador.
sábado, 31 de marzo de 2018 · 10:56

Estaba en el festival Lollapalooza cuando su mamá le mandó un mensaje contándole que había ganado el ansiado viaje a Italia. Después de meses de haber participado de un concurso organizado por la cadena de heladerías Persicco y la empresa de viajes Al Mundo, Aranzazu Villarino  ya prácticamente se había olvidado del certamen, y su vida había vuelto a su curso normal.

Habiendo terminado el colegio el año pasado, el mundo de Aran (como la conocen sus amigos) siempre estuvo rodeado de barras de grafito. El arte la salvó, no solo hace unos meses, cuando debió enfrentar una difícil situación personal, sino en su día a día, en su afrontar la cotidianeidad que puede sorprender a una adolescente de 18 años a la vuelta de la esquina.

Por eso, cuando se “encontró” con este concurso en Instagram, no lo dudó. Al ver que los requisitos estaban dentro de la rama que a ella le gustaba y sabiendo que “no perdía nada en intentarlo”, ese mismo día le encargó las tapas de helado a su papá, y con una idea que le propuso su hermano, puso manos a la obra.

-¿Qué trabajo te llevó a ganar?

Tenía que crear una obra en base a una serie de palabras sobre la tapa de telgopor del helado, entonces decidí hacer una combinación de mi estilo artístico con los logos de las dos empresas organizadoras del concurso.

-Te enteraste que habías ganado mientras disfrutabas de un festival de música, ¿cómo fue ese momento?

Fue increíble. A las 17.30 anunciaban a los ganadores y como no tenía señal, recién una hora después me llegó un mensaje de mi mamá diciéndome que había ganado. Me puse a saltar, empecé a abrazar a mis amigos. La verdad es que no lo podía creer.

Un largo camino

-¿Cuándo empezó el arte a ocupar una parte importante de tu vida?

La realidad es que desde que tengo uso de razón que estoy con un lápiz en la mano. Aunque no sabía muy bien por qué lo hacía, diariamente sentía la necesidad de dibujar, de crear algo. Pasé por muchas ramas del arte: hice artesanías, bailé, fui a canto y hasta hice alfarería, pero siempre volví a mis inicios. Creo que es una forma muy linda de expresarme con colores, pinceladas y texturas.

-¿Y qué encontrás que te aporta esta vocación?

Yo siento que me da otra perspectiva de la vida. Empezás a observar más lo que te rodea. Veo a todas las personas y siempre me tomo un segundo para admirar algunas cosas, como el atardecer, los artistas callejeros, los grafittis. De más chica era muy introvertida y muchas veces me encontré usando el arte como terapia, era mi cable a tierra y lo sigue siendo.  

-Muchos artistas manifiestan que el arte los salva. ¿Te sentís identificada con esto?

Sí, el arte siempre salva, y muchas veces sentí que lo hizo. Pasé por un año difícil hace no mucho, y no había día en el que no creara algo, por más pequeño que fuera. No lloraba, dibujaba lágrimas. Había noches en las que no podía dormir y aprovechaba a hacer algo, entonces por ahí veía una película y después dibujaba en base a lo que me hubiese dejado. Dedicarme al arte es dedicarme a mí, a pensar o a salir un poco de mi cabeza.

-Aunque en el corto plazo sabés que te vas a Roma con tu hermano, ¿cómo te ves en el futuro?

Me gusta vivir en el hoy, y que la vida me sorprenda como lo viene haciendo hace 18 años.

 

 

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