Juan Maqueda (25), es psicólogo y docente pero gran parte de su vida la dedica al trabajo social, una carrera que no estudió en la universidad pero que, sin lugar a dudas, lleva en la sangre.
Construyendo vínculos reales
Luego de comenzar a vincularse con gente en situación de calle entendió que es a partir de la construcción de vínculos reales y dejándose afectar por la vida del otro que se puede verdaderamente lograr un impacto profundo en las realidades más vulnerables.
Sabemos que el trabajo social ocupa una porción importante de tu vida, ¿de qué manera creés que se puede lograr un cambio social que no sea efímero?
Me parece que en cualquier tarea de tipo social, el vínculo y el encuentro tienen que ser los pilares. Se trata de poder ofrecer nuestro tiempo, presencia y trabajo para dar respuesta a las necesidades que se nos presentan.
A mí entender no solo se trata de dedicarle tiempo al otro, sino de adoptar un estilo de vida en donde las realidades más vulnerables ocupen un lugar trascendental. En general, no me siento cómodo con el concepto tradicional de generosidad, donde uno da y el otro recibe (que suele ser una relación vertical), sino que intento construir espacios lo más horizontales posibles.
Creo en el acompañamiento cercano, en la construcción de vínculos reales y en dejarse afectar por la vida del otro. Y como consecuencia uno empieza a entristecerse con sus dolores, alegrarse con sus alegrías e indignarse con las injusticias a las que se ven sometidos, entendiendo que esta relación que se genera tiene que ser genuina.
¿Qué te llevó a elegir el camino del trabajo social? Entendiéndolo siempre como una herramienta real y no como esnobismo.
Creo que lo que me motivó, y motiva, es una sensación de impotencia en indignación. Por otro lado, la alegría que me genera compartir el día a día en contextos que están marginados pero que también están llenos de vida y la convicción de que no da lo mismo acercarse que no hacerlo. Pero, sobre todo, el deseo de luchar codo a codo con los que están injustamente postergados y es precisamente esto lo que nos fue conduciendo, junto un grupo de amigos, a arrancar un proyecto donde lo que buscamos es acompañar, compartir, intentar encontrar respuestas juntos y trabajar en la construcción de una relación duradera y pelear por el desarrollo personal de las familias que vamos conociendo.
Esta presencia se traduce de diversas maneras: desde construir juntos una casa, hasta hacer trámites y compartir un asado. Esta cercanía es la que te compromete todavía más.
Sos muy joven y pareciera que esta actitud de preocuparte por los demás la tenés desde hace años, ¿en qué momento sentís que se despertó el deseo de realmente empezar a pensar en el otro y actuar en base a esto, entendiéndolo como un igual pero que tiene menos oportunidades?
Viéndolo a la distancia, puedo decir que desde chico ya me sensibilizaba por el dolor del otro.
Cuando terminé el colegio me fui comprometiendo con algunos espacios organizados y dando una mano en hogares, asilos o juntando donaciones pero la experiencia determinante se dio a partir de los 20 cuando empecé a vincularme con gente en situación de calle en Capital. Durante los casi tres años que viví allá trabajé de lunes a viernes acompañando las realidades de la calle en las más diversas circunstancias, mientas hacía la carrera y se me presentaban todos los días desafíos nuevos, una nueva historia en la que se podía entrever un profundo dolor y, además, una desidia total.
En lo personal esos tres años fueron de mucho aprendizaje, de intentar correrme de la forma más "convencional” de solidaridad y buscar verdaderamente adentrarme y acompañar la realidad de cada persona, de dejarme afectar por lo que vive el otro y de luchar por alejarme de la idea verticalista de "yo que tengo te ayudo a vos que no tenés”.
Pero sobre todo me marcó a fuego la experiencia de la cercanía con las condiciones más inhumanas, con el trato denigrante y la indignidad de la secuencia cotidiana que vive quien le toca la calle como "hogar”. Ver a diario, en primera persona, el destrato de muchas instituciones que deberían ser de acogimiento y resguardo, la mirada casi constante de rechazo y de prejuicio. Todas estas situaciones inevitablemente te llevan a asumir un compromiso.
¿Qué opinión te merecen los jóvenes como colectivo en cuanto a su compromiso social y solidario?
Pienso que los jóvenes, de alguna manera, somos uno de los motores del compromiso social. Esto evidentemente no excluye para nada el trabajo que cualquiera pueda realizar y el compromiso que pueda tener, independientemente de su edad. Pero en general se ve cómo al joven le atrae la participación social. Creo que no es una novedad y no podría decir con certeza que cada vez sean más. Mi experiencia, con amigos, alumnos y ex alumnos es que existe una disposición a la hora de encarar alguna actividad o proyecto. Me parece que más que el factor edad, lo que más influye es ese interés real por el progreso y la dignidad del otro, y la necesidad de trabajar en pos del desarrollo de las personas y los espacios que lo necesitan.
¿De qué modo te parece que una persona que nunca perteneció a una entidad solidaria o que no tiene vinculación con ninguna persona que lo haga, puede comenzar a trabajar en pos de ayudar a otros?
Existen distintos espacios desde donde participar de diferentes maneras. Es cierto que en general uno arranca por algún conocido o alguna referencia, pero siempre está la posibilidad de ponerse a buscar, de preguntar, de animarse a acercarse a los lugares donde se presiente que se necesita algo. Tanto desde lo político, como desde lo religioso o lo exclusivamente social se ofrecen diversas oportunidades de comprometerse. Hay que ser más mandados, porque del otro lado nos están esperando.
Cuidando la localía
A nivel distrito, ¿considerás a Pilar como una ciudad "solidaria”?
No es una novedad que Pilar tiene una realidad muy heterogénea, donde conviven en un mismo municipio sectores que concentran grandes riquezas y sectores muy empobrecidos. Me parece que una de las grandes apuestas sería generar espacios de contacto, de responsabilidad, de reconocer en el otro un vecino, un amigo y buscar juntos el desarrollo de todos.
Me parece que, en términos generales, sí tenemos el deseo de ayudarnos y eso se ve claro en momentos críticos como las últimas inundaciones, donde de todos lados aparecieron donaciones, manos, recursos y gente a disposición.
Así que veo que la solidaridad o el "pensar en el otro” es parte de los pilarenses pero estamos faltos de lugares de encuentro, de contacto y cercanía en el día a día.
Sabemos que trabajás mucho en el barrio Pinazo, y que conocías a las víctimas del trágico temporal. ¿Cómo ves el hecho de que la gente de bajos recursos económicos termine siendo afectada, muchas veces de manera tan dramática como en este caso, por cuestiones que podrían ser solucionables si desde el gobierno se hubieran llevado a cabo tareas de prevención?
Los más empobrecidos siempre son los que más caro la pagan. Hay que pensar que lo que a las clases medias -y a veces hasta a las altas- les afecta o les duele, a los pobres los ahoga; para ellos las dificultades se potencian. Puntualmente sobre las víctimas del temporal es muy claro que la principal causa de la tragedia no fue un desastre natural sino la pobreza. Solo basta con pensar si algo así hubiera podido ocurrir de la misma manera en otro contexto socioeconómico como dentro de un country, por ejemplo. Y no sólo si hubiera podido pasar, sino cómo hubiera sido la respuesta de los responsables. ¿Qué hubiera pasado si en un country hubiéramos tenido que cargar en brazos a dos chiquitas fallecidas caminando por el barro durante casi media hora porque las ambulancias no podían llegar hasta el barrio por las condiciones de las calles? ¿O si Elena (la madre) hubiera sido una importante empresaria y hubiera fallecido en el traslado en la caja abierta de una camioneta –porque ni siquiera fue en una ambulancia - que por los pozos saltaba y rebotaba constantemente y sin siquiera un cuello ortopédico? Me tocó estar ahí, cargar a Giuli en brazos, trasladarme con Elena en la caja de la camioneta que volaba por la ruta 8, y acompañar y gestionar todo durante la semana que siguió, y estoy absolutamente convencido que una situación mucho menos dramática, manejada de una manera tan indigna, irresponsable y deplorable, pero en otro contexto socioeconómico hubiera por lo menos culminado con la renuncia de algún responsable. Pero la historia cuenta que fue en el barrio de La Carbonera y que se resolvió con una palmadita en la espalda para el resto de la familia y con una fingida compasión por parte del intendente que, si hubiera tenido algo de real no hubiera esperado a la campaña para dar una mínima respuesta a las necesidades emergentes. Todo esto habla definitivamente del manejo del Estado, pero también interpela nuestros criterios como ciudadanos y como sociedad, que muchas veces nos acostumbramos a la pobreza y naturalizamos las condiciones inhumanas, y el sufrimiento y la tragedia de los pobres no logran calar tan profundo ni indignarnos de la misma manera que si fuera en otro contexto social y económico.
Conozco a la familia hace unos años y tengo una amistad muy cercana con todos ellos. Los materiales de la casa los habíamos puesto a medias con el padre e incluso dos días antes estuvimos con mis amigos festejando el cumpleaños del padre en su casa. Y sé que no faltaron los reclamos por las condiciones del barrio, por la altura de los árboles y principalmente por el arreglo de la calle. Pero evidentemente hay que esperar a la tragedia, a los medios y al contexto de campaña para que se cumpla con, por lo menos, una de tantas promesas.
Frases
"En cualquier tarea de tipo social, el vínculo y el encuentro tienen que ser los pilares”
"Hay que trabajar por los derechos y la dignidad de los sectores más vulnerables y esto creo que se puede lograr priorizando los intereses y proyectos comunitarios, es en este punto donde veo una verdadera herramienta de transformación social”
"Ver a diario, en primera persona, el destrato de muchas instituciones que deberían ser de acogimiento y resguardo, la mirada casi constante de rechazo y de prejuicio. Todas estas situaciones inevitablemente te llevan a asumir un compromiso”