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Básquet

Cuando el Alma se forjó en Pilar

Emanuel Ginóbili anunció ayer su retiro como jugador profesional. Recordamos el paso por la ciudad cuando se empezó a gestar la Generación Dorada.
Por Redacción Pilar a Diario 28 de agosto de 2018 - 00:00

“Con una gran mezcla de emociones les cuento que decidí retirarme del básquet. ENORME GRATITUD para mi familia, amigos, compañeros, DTs, staff, aficionados y todos los que fueron parte de mi vida en estos 23 años. Fue un viaje fabuloso que superó cualquier tipo de sueño. ¡GRACIAS!”
Con esta publicación en las redes sociales, Emanuel Ginóbili le contaba al mundo que dejaría de jugar al deporte que lo catapultó a la fama.
Manu será eterno en el corazón de todos los fanáticos del básquet. Su capacidad para romper límites y mantenerse vigente hasta los 40 años en el máximo nivel competitivo como lo es la NBA, lo elevaron a la condición de mítico.
Este enorme deportista tuvo un pequeño paso por Pilar, en la gestación definitiva de la Generación Dorada que ahora se agiganta en la memoria.
En la semana del 4 al 9 de agosto de 2003, la Selección Argentina estuvo alojada en el Hotel Sheraton y entrenó en el gimnasio del Club Sportivo Pilar. Todo era en la previa al Preolímpico que buscaba llegar a los Juegos Olímpicos Atenas 2004, donde Argentina logró por única vez la medalla de oro en básquet.
El plantel que comandaba Rubén Magnano ya era sensación. Venía de ser subcampeón en el Campeonato del Mundo de Indianápolis (Estados Unidos) 2002 y Manu ya tenía su primer anillo NBA con San Antonio Spurs.
Entonces, la concentración en el hotel 5 estrellas era un imán para los fanáticos. Miles de pilarenses y alrededores invadían el hall, el estacionamiento para ver al “ídolo”.

Recuerdo
Todos querían un recuerdo del equipo que empezaba a cambiar el rumbo del básquet de Argentina en el mundo.
Chapu Nocioni, Oberto, Pepe Sánchez y compañía debían subir y bajar del micro escoltados. En el gimnasio de Sportivo debían preparar un cerco para ingresar a la cancha y pocos privilegiados podían ver sus movimientos dentro de La Caldera.
La gran atracción era Manu, que por una lesión en el tobillo, realizaba la rehabilitación en la pileta del hotel. El inolvidable Pajarito Acosta y sus credenciales para poder acceder a cualquier rincón de la ciudad, fue el único que tuvo acceso a tomar esa fotografía que marcó historia.
Lo que más tarde denominarían el Alma, marcó una revolución naranja mezclada con celeste y blanco por más de 96 horas en Pilar. 

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