Elías Haedo empieza a dejar su huella en los cuadriláteros de la categoría Súper Ligeros (Hasta 65 kilos) del boxeo profesional de Argentina.
El sábado por la noche, en un colmado gimnasio del Club Juventud Unida de Villa Rosa, el pupilo del gimnasio Ferreiro hizo explotar sus puños para llegar a su segundo nocaut consecutivo. El invicto de San Alejo tiene récord de 3-0 con dos victorias antes del límite, las dos, en el segundo round.
La víctima de Elías fue Nelson Castel (Lanús) que sufrió la contundencia de Haedo, en el cierre del segundo asalto al recibir un fulminante derechazo.
“Fue un sueño”, describió Elías en charla con La liga tras la victoria. “Toda la gente, el vestuario, la prensa y ganar con un nocaut tremendo. Fue lo mejor”, agregó.
“Se sentía el aliento porque no había lugar para nada más. La gente de Pilar, la que siempre me siguió, la nueva, la gente del barrio, la familia”, enumeró orgulloso de haber cumplido con su promesa.
Antes del primer combate como profesional siendo local decía “se van a sentir orgullosos” y con los puños de acero que liquidaron la resistencia de Castel, Elías subió otro escalón más en el ranking y el prestigio de los Súper Ligeros.
“Era un sueño que estaba viviendo. Uno piensa en cómo arrancó el camino y llegar hasta este momento invicto como profesional”, explicó sus sensaciones, tras la velada en Juventud Unida.
-¿Pudiste escapar a la ansiedad y la presión?
- Fue la pelea que estuve más tranquilo que nunca. Estuve concentrado en mi rival, en estudiarlo. Escuchaba a Enrique desde el rincón. Estaba confiado en mí entrenamiento, en el esfuerzo que puse para llegar.
-¿Cómo fuiste encontrando el camino al nocaut?
- Me enfrenté a un rival con experiencia, era alto y tenía la mano dura. En el primer round me quería acercar y me paraba con la izquierda. Mi estrategia fue moverme en el ring, porque no llegaba. Moverme, moverme y entrar con potencia. Hasta que enganché un par de manos abajo, se fue desinflando y pude llegar arriba.
-¿Palpitabas que era posible el nocaut?
- Sí, porque entraba la izquierda y la sentía. Puse un buen cross que lo sintió, un gancho abajo que se notó en la cara que lo sentía. Y llegó el cross de derecha fulminante. No fue por cansancio, le gané porque pego fuerte. Cada mano que tiraba, Castel sentía los golpes.




