OPINIÓN

Oscar Furlong, un deportista ejemplar

Por Martín Rosenbaum

Por Redacción Pilar a Diario 2 de noviembre de 2018 - 00:00

El día 11 de junio pasado dejó de existir Oscar Furlong, el hombre de los varios cariñosos apodos: Pillín, Marquitos, Dallas etc. Cada uno de ellos expresa cabalmente su paso por los diferentes deportes y/o apodos de la universidad.
Vivía en Pilar desde hacía 35 años y siempre cultivó un notable perfil bajo. Se lo podía ver siempre pintón, amable, distendido y elegante.
Fue uno de los mejores deportistas de la Argentina, pero su más importante logro fue el de ser campeón mundial de básquet en el año 1950, junto a un equipo inolvidable y que fue, a lo largo de la historia deportiva del país, un hito impresionante e inigualable.
Esto lo llevó a ser el primer argentino nominado para el Hall de la Fama del básquet mundial. De esto, y como no podía ser de otra manera, sus amigos nos enteramos por las noticias periodísticas. Así era Pillín. Siempre humilde. No se la creía, como se dice.
Era muy común que personas de algunos años lo reconocieran por la calle y comentaran por lo bajo “ese es Oscar Furlong, el mejor jugador de básquet del mundo” o simplemente se acercaran a estrecharle la mano.
También dedicó gran parte de su vida al tenis. Así, el polvo de ladrillo lo vio transitar por innumerables torneos siendo un destacadísimo jugador tanto en single como en doble, tanto en la Argentina como en el plano internacional.
Fue durante varios años el capitán de la Copa Davis siendo uno de los más queridos, no sólo por sus conocimientos de este deporte, como su excelente comunicación con los jugadores que integraban los equipos que dirigió.
Con sus consejos, ayudó a los desarrolladores en la construcción del estadio de Mayling, que orgullosamente ya lleva su nombre para que las futuras generaciones tengan siempre presente a quién fue un deportista ejemplar. Pero sobre todo una gran persona.
Te vamos a extrañar Pillín!

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