A fines de los 80, “clandestinamente”, Diego Staropoli comenzó a tatuar en un baño del Mercado Central, cuando todavía no soñaba con " tatuajes sanadores". Su oficio -su pasión- era mirado con recelo por parte de la sociedad: entonces los tatuajes parecían “cosa de marginales”, reservados para personas con un pasado sombrío en la cárcel.
"Tatuajes sanadores", transformar el dolor en arte
Sin embargo, con el paso de los años, se convirtió en uno de los artistas de la tinta más reconocidos y decidió darle a su arte un significado único: transformar el dolor en arte.
Es así como ideó los “Tatuajes sanadores” que ofrece en Mandinga Tattoo, su famoso estudio que cuenta con dos sedes, en las localidades de Villa Lugano y San Telmo: de manera totalmente gratuita, ayuda a las mujeres que sufrieron cáncer de mama o violencia de género y a personas que tuvieron algún accidente y, como consecuencia, marcaron su cuerpo de por vida.
La idea de los “Tatuajes sanadore” es un poco accidental y se divide en dos módulos. Por un lado, los tatuajes que tienen que ver con la reconstrucción de áreas mamarias a sobrevivientes del Cáncer de Mama y, por otro, los que están relacionados con la violencia de género, mujeres que fueron quemadas o personas con grandes accidentes que tienen cicatrices en gran parte de su cuerpo.
La iniciativa de comenzar con este proyecto comenzó a tomar forma a raíz de situaciones que atravesaron personas muy cercanas a Staropoli: su madre y su abuela tuvieron cáncer de mama, su papá falleció de cáncer de huesos y su hermano también padeció el cáncer. Era una forma de honrarlos a ellos con su trabajo.
El proyecto resultó ser un éxito: hay lista de espera de meses y, en algunos casos, hasta más de un año de demora para llevar un diseño en la piel. Sin embargo, los resultados positivos son destacables. El arte, en este caso nunca mejor dicho, es sanador. El cambio que tiene en la vida de una persona verse al espejo y, en lugar de una cicatriz, ver un tatuaje, es impresionante.
Hay muchas formas de sanar. De reparar, de ayudar para que cada quien decida cuál es el momento justo para hacer lo que quiere hacer. O lo que quiere ver. Hay momentos para elegir, para detenerse a respirar y seguir, para salir adelante. Y un tatuaje puede encerrar esa magia. Puede ser reparador. Sanador. Lo es.
Cuando finalmente logró fundar su primer local de tatuajes, lo bautizó con un nombre que había descubierto en las historietas que leía de chico: Mandinga Tattoo Studio. Mandinga era la forma en que Patoruzito llamaba al diablo. Un verdadero espacio solidario y reparador que ofrece tatuajes a mujeres que han sufrido y batallado.
Diego Staropoli tiene 52 años. Es corpulento, pero de andar sereno. A pesar de que solo cursó hasta segundo año del colegio, es dueño de una inteligencia de la que no alardea. Su mirada irradia empatía. Su fama trascendió al gran público como “el tatuador de los famosos”. A comienzos de los 90, se llenó de músico: La Renga, Kapanga, Los Fabulosos Cadillacs, Los Auténticos Decadentes... Después llegaron los futbolistas, políticos, a los que más tarde se sumaron otros famosos.
Diego canalizó su labor solidaria a través de la Fundación Mandinga Tattoo. La organización cuenta con un centro médico destinado a la detección preventiva del cáncer de mama. A su vez, apadrina a 5 escuelas rurales, un hospital rural y tienen hasta un equipo de sofowar, una barbería y una cafetería. Mandinga es muchas cosas a la vez.
- OTRA INICIATIVA PARA TENER EN CUENTA
El sábado 21 de octubre, el área de RSE Indalo se sumará al Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama junto a la Fundación Mandinga Tattoo.
A partir de las 9 y hasta las 13, en la puerta de C5N, Olleros 3551, se realizarán tatuajes reconstructivos de la areola mamaria a aquellas mujeres que vencieron la enfermedad.
Además vas poder tatuarte en forma gratuita la insignia representativa para crear conciencia, el lazo rosa.
Te compartimos un video sobre esta historia inspiradora.