Pablo Novak, el último habitante de Villa Epecuén, el emblemático pueblo balneario que quedó bajo siete metros de agua por una inundación en 1985 y nunca pudo reconstruirse, murió a los 93 años.
Pablo Novak era guardián de Villa Epecuén, el mítico pueblo balneario bonaerense que se inundó en 1985 y quedó convertido en ruinas. Los detalles.
Pablo Novak, el último habitante de Villa Epecuén, el emblemático pueblo balneario que quedó bajo siete metros de agua por una inundación en 1985 y nunca pudo reconstruirse, murió a los 93 años.
Novak falleció la noche del domingo 21 de enero de 2024. Le faltaban cuatro días para cumplir 94 años. Era papá de diez hijos, abuelo de veinticinco nietos y bisabuelo de nueve bisnietos. Era el hombre que vivía solo en un pueblo antes iluminado y próspero: el habitante único. Decía -presumido- que había apenas cuatro habitantes del mundo que vivían solos en pueblos. Era conocido en todo el mundo. 21 millones de reproducciones lo acreditan en el video del youtuber mexicano Luisito Comunica, que se adentra en su historia y en la de la otrora villa balnearia. Otros 16 millones lo vieron pedaleando por la ciudadela olvidada en un video producido por Red Bull. Los que no lo conocieron en un documental de la BBC, tal vez lo hayan visto confundirse en las entrañas de Epecuén en grabaciones dobladas al ruso, al italiano, al alemán, al inglés, al francés, al chino, al japonés.
La triste noticia la confirmó Javier Andrés, intendente de Adolfo Alsina, localidad donde se encontraba Villa Epecuén: “Hoy es un día para decir adiós, aunque no sé si a las leyendas se las despide. Don Pablo Novak, así: sonriente, entusiasta, siempre dispuesto a largas charlas y relatos de anécdotas quiero recordarte”, expresó.
“Así, recorriendo Epecuén en tu bicicleta, leyendo el diario en una esquina de las ruinas, compartiendo como guía tus experiencias con los turistas y los periodistas de todos lados que preguntaban por El Último Habitante de Epecuén. Así todos vamos a recordarte. Hoy es un día para decir ¡Gracias Don Pablo! Descansa, que nosotros cuidaremos tu legado aunque nunca será lo mismo”, manifestó Andrés en la despedida.
Novak era la última persona en el pueblo y desempeñaba tareas como la custodia de las ruinas, un espacio que es recorrido por miles de turistas durante todo el año.
En 2020, el Municipio le otorgó el título de Embajador Cultural y Turístico del distrito, y desde entonces, cada año, se dedicó a preservar la villa que en otra época fue un prestigioso balneario. Para muchos visitantes, “Don Pablo” se había convertido en un punto de interés en sí mismo para explorar el balneario. Recientemente, varios creadores de contenido de viajes, como Luisito Comunica o Un Topo por el Mundo, manifestaron haber visitado Epecuén para conocer el estilo de vida de Novak.
En entrevistas recientes, comentó: “Todos los fines de semana viene gente a conocer Epecuén y a mí; me gusta, por eso estoy aquí; si no estaría con la familia en Carhué; me gusta que vengan a verme. Estoy en este lugar simplemente porque me hace feliz”.
En Villa Epecuén vivían más de mil quinientas personas. Había un balneario, un castillo, un matadero, una escuela, una iglesia, una comisaría, cinco mil plazas hoteleras estables, 250 establecimientos de distinta categoría. Era una villa turística fundada en el verano de 1921, emplazada en un punto equis del ancho suroeste de la provincia de Buenos Aires, bordeada por una laguna salada que convocaba la fascinación de la industria farmacéutica, de los fabricantes de vidrio, de los hombres y mujeres que buscaban consuelo en sus articulaciones gracias a la alta salinidad del lago.
El Lago Epecuén es famoso por contar con un alto nivel de salinidad parecido al del Mar Muerto y por tener aguas termales de buena calidad. Esta características generaron un creciente interés turístico/medicinal hacia la zona donde funcionan las Termas de Carhué, ubicadas a ocho kilómetros del pueblo. Hablaban de un remanso de aguas milagrosas.
Esos atractivos, sumados a que llegaban a la zona de diferentes ferrocarriles, potenciaron el crecimiento de esta villa turística. Ya para la década de los setenta contaba con seis mil plazas hoteleras declaradas y 250 establecimientos comerciales. Era denominada una de las mejores playas por su tranquilidad, ya que solo tenía 1.200 habitantes y porque también tenía aguas hipersalinas.
Así como creció, se ahogó. No sobrevivió a su propia proyección. En 1985 la provincia de Buenos Aires pasaba por una de las peores inundaciones de su historia. Cuatro millones y medio de hectáreas habían quedado anegadas por un desborde del Río Salado.
Sin embargo, la peor parte la tuvo Villa Epecuén cuando por obras inconclusas, el muro que protegía a la villa cedió y el lago la inundó.
Hasta 1993 Epecuén estaba siete metros bajo el agua y durante años se realizaron obras para impedir que ingresaran caudales externos a la laguna. Su nivel comenzó a bajar paulatinamente y para 2010 quedaban algunas manzanas inundadas, y actualmente las ruinas se pueden visitar.
La marea resurgió una urbe en ruinas. La sal había carcomido los hierros de las edificaciones. Las calles acumulaban escombros. Los techos eran los pisos. Las paredes, despedazadas. Los árboles, desvestidos. La tonalidad gris, dominante. Solo pedazos sin orden ni patrón, y esa cruel belleza del desastre. Nada era como había sido.
Epecuén no dejó nunca de ser turística, ni viva ni muerta. Cuando la marea la convirtió en una reversión de la mitológica Atlantis, los curiosos paseaban en bote sobre sus calles. A la par, flotaban los ataúdes que se habían desprendido de los nichos y las bóvedas de mármol. Los años pasaron, el agua retrocedió, la tragedia se evaporó y el esqueleto de la ciudad emergió.
Esta localidad es reconocida también por los atardeceres sobre el Lago Epecuén, “una postal sorprendente” para locales y turistas y un escenario ideal para maravillarse con la tercera colonia de flamencos más grande de América junto a otras aves playeras.
El lago fue declarado Reserva Natural Municipal, posee muchas propiedades curativas, árboles cubiertos de sal y ofrece circuitos guiados para explotar el recorrido de las ruinas a pie. Además, es un lugar estético para los amantes de la fotografía. Hay diferentes colonias de aves que sobrevuelan la laguna.
En 2017 el lago Epecuén obtuvo el récord Guinness cuando sus habitantes se unieron para mostrarle al mundo las propiedades de sus aguas, similares a las del Mar Muerto. Efectivamente, 1941 personas flotaron en línea sin asistencia de ningún elemento de flotación. Es que la alta salinidad del agua hace que las personas floten sin ninguna ayuda.
Para quiénes son amantes de conocer la historia detrás de los lugares, este es su destino perfecto. En la ex estación de ferrocarril hay un Centro de Interpretación y Museo que expone los orígenes y el presente de la localidad.
Por otro lado, para quienes prefieren unos días de relax hay diferentes playas sustentables, spa termales y diferentes propuestas gastronómicas.
Las Termas de Carhué reciben a turistas de todo el país. Las aguas del lago Epecuén bañan la costanera norte de la localidad de Carhué. Entre las afecciones más tratadas por efectos de estas aguas se encuentran la artritis, la artrosis, la psoriasis y otras enfermedades de la piel. Piscinas cubiertas, jacuzzi, bañaderas de inmersión, fangoterapia en cabinas, masoterapia, kinesioterapia, gimnasio y cosmetología, constituyen gran parte de la propuesta turística de las Termas, a la que se suma placentero el magnífico Spa Epecuén.
Entre baño y baño, te conviene hacerte un tiempo para conocer algunos de los atractivos que hallará en la zona. Desde la visita a las ruinas de la antigua Villa del Lago Epecuén, hasta la región serrana que comprende Sierra de la Ventana.
Podés:
. Contratar un vuelo de bautismo con los pilotos más experimentados del aeroclub local
. Realizar un safari fotográfico para retratar las aves que se observan en las lagunas cercanas, entre los cuales se destaca el bello flamenco rosado, hacer cabalgatas.
. Caminatas a lo largo del arroyo Pigüe o por la misma costa del lago Epecuén, que durante las últimas horas del día brinda atardeceres únicos.
