"El Llullaillaco es el sitio arqueológico más alto del mundo y está en Salta, entre tantas maravillas, tenemos el sitio arqueológico más alto del mundo", expresó Ceruti a FM Profesional. "Cuando fuimos a estudiarlo no sabíamos que nos íbamos a encontrar con ese descubrimiento", recordó.
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Vista del Volcán Llullaillaco. (blogspot.com).
La investigación de Ceruti fue acompañada por el científico y explorador estadounidense Johan Reinhard. También contó con la participación de estudiantes de arqueología argentinos y peruanos, y con financiación de la National Geographic society.
La expedición demandó 23 días de trabajo en la montaña, con 13 días de permanencia ininterrumpida en la cima, acampando sobre la nieve. El trabajo se realizó en condiciones climáticas extremas, con temperaturas que diariamente alcanzaban los -30° centígrados, ráfagas de viento de 100 km/h, tormentas de nieve y riesgo permanente de edema cerebral o pulmonar por la escasez de oxígeno y la bajísima presión atmosférica.
Se llevaron a cabo diferentes tareas de investigación, en los distintos sitios arqueológicos existentes en la montaña: en un cementerio situado en la base del volcán, a 4.900 metros, se recuperaron esqueletos de tumbas profanadas por buscadores de tesoros. A 5.000 metros se localizó un conjunto de ruinas desconocidas. A 5.200 metros, en el imponente conjunto de ruinas de la tambería se revelaron las construcciones y se realizaron sondeos. También se descubrieron los conjuntos de ruinas intermedias sobre las laderas de la montaña (a 5.600 metros, 6.300 metros y 6.550 metros).
En el santuario de la cumbre, a 6.715 metros de altura, se realizaron cuidadosas mediciones de todas las construcciones, especialmente de las ceremoniales. Se hicieron sondeos en la “choza doble”, cabaña techada en la que se presume que los sacerdotes Incas pasaron la noche antes de la ceremonia. Las tumbas y las ofrendas fueron halladas en una plataforma de 6 metros por 10 metros, sobre un promontorio muy visible de la cumbre. Se invirtieron 10 días de trabajo ininterrumpido para completar la excavación de la plataforma, procurando que ningún objeto valioso quedara a merced de los buscadores de tesoros.
Se trabajó con todo rigor científico, pese a las difíciles condiciones climáticas. Los hallazgos fueron cuidadosamente cuidados y preservados. Cuando la campaña terminó, se procedió al rellenado de todos los pozos generadores a lo largo del trabajo, precaución que los arqueólogos siempre toman, para garantizar una adecuada preservación de los sitios excavados.
Los cuerpos congelados, durante su excavación, fueron protegidos del calor del sol, cubriéndolos con papel de aluminio. Una vez extraídos, fueron envueltos en plástico y cubiertos de hielo y nieve, para mantener baja la temperatura. Aislados en goma espuma y colocados en soportes, los bultos, que a veces superaban los 40 kilogramos, fueron transportados montaña abajo a espaldas de porteadores especializados. El transporte hacia la ciudad se efectuó en vehículos todo-terreno del ejército, dentro de cajas de madera acolchadas con goma espuma y refrigeradas con hielo seco.
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"Los Niños del Llullaillaco". (piegel.de).
- LOS NIÑOS DEL LLULLAILLACO
El principal hallazgo arqueológico en la cumbre del Volcán Llullaillaco (6.739 metros) - el sitio arqueológico más alto del mundo – consistió en tres cuerpos momificados, pertenecientes a víctimas de sacrificios humanos de los Incas. Alli, Ceruti y Reinhard se encontraron los cuerpos de un niño de alrededor de siete años (que luego nombraron "El Niño"), una niña de seis años ("La niña del Rayo") y una adolescente de aproximadamente 15 años de edad ("La Doncella"). Junto a ellos, hallaron un ajuar compuesto por 46 objetos: figuras humanas y animales en miniatura, utensilios y alimentos.
La mayor "La Doncella": fue descubierta sentada, con las piernas cruzadas y los brazos apoyados sobre el vientre, con un vestido marrón y un conjunto de adornos colgantes de hueso y metal, peinada con trenzas y un tocado de plumas. Se cree que la joven pudo haber sido una de las mujeres especialmente elegidas como "vírgenes del sol" para ser ofrendada a los dioses incas. Estas mujeres eran criadas y educadas al servicio del inca y sus ceremonias. Otras servían al inca o eran destinadas a desposar a los gobernadores, y a otras se las educaba para tejer para las ceremonias más importantes del imperio incaico.
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"La Doncella". (national-geographic.pl).
El segundo de los pequeños, "El niño", fue hallado sentado de rodillas sobre una túnica gris, vestido con una prenda color rojo, una vincha sobre la frente y un adorno de plumas, con la mirada puesta en dirección al sol naciente. Los tejidos de su indumentaria son ceremoniales, de una altísima perfección y los colores indican que pertenecieron a una elite.
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"El Niño". (La Nación).
La última es "La Niña del Rayo", llamada de esta forma porque en algún momento, desde que fue enterrada en su tumba en la montaña, un rayo impactó sobre la superficie y quemó parte de su rostro y su hombro. La encontraron sentada con las piernas flexionadas y las manos semiabiertas, con un vestido marrón y cubierta con una manta de lana.
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"La niña del rayo". (La Nación).
Estas momias, posteriormente llamadas "Los Niños del Llullaillaco", significaron un gran aporte científico debido a, entre otras cosas, su perfecto estado de preservación. Ellas han sido consideradas las momias precolombinas mejor preservadas hasta la fecha.
Ellos permiten, a su vez, comprender el modo de vida de su comunidad. Según el sitio de National Geographic, a partir del análisis bioquímico del cabello de "la doncella", se detectó que la niña experimentó cambios en su alimentación un tiempo antes del sacrificio.
En el año previo a su muerte, su dieta varió de alimentos simples a productos más nutritivos, lo que indicaría que se volvió de un estatus más alto, el de elegida para el ritual. Asimismo, en los últimos meses de su vida ingirió grandes cantidades de alcohol y coca, utilizados para inducir estados alterados de conciencia asociados con lo sagrado, aunque es probable que estas sustancias intentaran sedar a los niños en la alta montaña antes de enfrentar su destino, de acuerdo a lo consignado por National Geographic.
Hoy, los niños reposan en el Museo de Arqueología de Alta Montaña, que depende de la Secretaría de Cultura de Salta, y se mantienen intactos gracias a un sistema de criopreservación: los cuerpos se encuentran en cápsulas a 20 grados bajo cero con iluminación filtrada.
Además, sus restos se presentan a los visitantes del museo de forma individual y rotativa, cada seis meses, para que no sufran una prolongada exposición a la luz.
El año pasado, se reconoció al volcán de Llullaillaco como "Sitio Sagrado" de los pueblos originarios por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas(INAI) a través de la Resolución 96/2022 publicada en el Boletín Oficial.
La Resolución del INAI, se fundamenta en que "numerosas comunidades y organizaciones indígenas han solicitado la declaración de Sitio Sagrado a los enterramientos ubicados en el Volcán Llullaillaco y la restitución de "la niña del Rayo", "La Doncella" y "El Niño", exhumados del centro ceremonial con restos humanos más alto del mundo, a 6.730 metros de altura, en la cumbre del Volcán".
Destaca que el centro ceremonial Llullaillaco es uno de los más importantes del mundo, cuenta con un cementerio comunitario a 4.900 metros de altura, con un camino que incluye edificios que van desde la base hasta la cima, constituyéndose en un centro de ofrendas para el país.