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Argentina rechazó en la ONU declarar la esclavitud como crimen de lesa humanidad

La ONU dio un paso histórico al reconocer la esclavitud africana como el crimen más grave contra la humanidad. Pero Argentina voto en contra. Detalles.

Por Redacción Pilar a Diario 26 de marzo de 2026 - 09:11

No fue una votación más. En una sala cargada de historia y simbolismo, la Asamblea General de las Naciones Unidas ( ONU) proclamó este miércoles a la esclavitud africana como un crimen de lesa humanidad grave. No obstante, la Argentina-alineada con Estados Unidos e Israel- votó en contra. Hubo 123 votos a favor y 52 abstenciones.

La resolución histórica, impulsada por la Unión Africana y liderada por Ghana a través de la voz de su presidente John Dramani Mahama, pretende algo más que una condena moral: busca redefinir cómo el mundo entiende uno de los capítulos más oscuros de la humanidad.

La resolución A/80/L.48 marca un hito en los debates globales sobre injusticias históricas, reafirmando que el comercio transatlántico de esclavos fue un crimen cuyas consecuencias estructurales persisten hasta la actualidad.

En ese sentido, la declaración representa una victoria histórica para el continente africano, rinde homenaje a la memoria de millones de víctimas y sienta las bases morales para avanzar hacia la justicia restaurativa internacional.

En ese escenario, Argentina tomó una posición que sorprendió. El dato impacta no solo por lo que significa, sino por el contraste: durante años, el país sostuvo una postura de abstención en debates similares. Esta vez, el rechazo fue explícito. Más político. Más visible.

Detrás de la decisión hay argumentos técnicos, pero también temores difíciles de ignorar. Uno de los principales: aplicar la categoría de “crimen de lesa humanidad” a hechos ocurridos siglos atrás podría abrir la puerta a reclamos internacionales de enorme escala.

Argentina -alineada con Estados Unidos e Israel- votó en contra. (ONU).

¿Puede el presente juzgar al pasado con herramientas que no existían en ese momento? Para algunos Estados, la respuesta es no. Para otros, especialmente en África y el Caribe, esa discusión llega tarde: la injusticia —sostienen— sigue vigente en sus consecuencias.

Más allá de la política, la resolución reaviva la memoria. Recordar la esclavitud no es un acto abstracto: es comprender que millones de africanos sufrieron, resistieron y dejaron una huella indeleble en América Latina. Es también aceptar que esas injusticias aún tienen ecos en la desigualdad, la discriminación y la invisibilización de comunidades afrodescendientes en Argentina y en todo el continente.

La tensión es evidente. Porque lo que está en juego no es solo una definición jurídica, sino una pregunta mucho más profunda: cuánto vale la memoria cuando se traduce en obligaciones reales.

La resolución no es vinculante, pero eso no la vuelve irrelevante. Al contrario. En el tablero internacional, estas decisiones suelen marcar el camino de futuros acuerdos, leyes y reclamos.

Por eso, el voto argentino no quedó aislado. Generó ruido, críticas y también interrogantes hacia adentro: ¿fue una decisión pragmática para evitar riesgos legales o una señal política que desentona con la historia y los valores que el país dice defender?

En el fondo, la discusión incomoda porque obliga a mirar más allá de los discursos. Porque reconocer el pasado es relativamente fácil. Lo difícil —y lo que verdaderamente divide aguas— es decidir qué hacer con él.

Y en esa frontera entre memoria y consecuencias, Argentina eligió pararse en el lado menos esperado.

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