Osvaldo Lynn se reencontró a pleno con la pasión del volante durante el “Sponsor Day” del equipo Rectimec, que se desarrolló en el autódromo Roberto Mouras de La Plata y su definición fue contundente: “me enloquecí”.
Osvaldo Lynn se reencontró a pleno con la pasión del volante durante el “Sponsor Day” del equipo Rectimec, que se desarrolló en el autódromo Roberto Mouras de La Plata y su definición fue contundente: “me enloquecí”.
El pilarense de 69 años (cumplirá 70 el 23 de marzo) se subió al Ford Falcon de su hijo Federico, que compite en la Clase A del Procar 4000 y lo disfrutó durante 15 vueltas en un circuito que no llegó a conocer en su etapa en el Turismo Carretera.
Uno de los hermanos que hizo historia pilarense y es socio vitalicio de la Asociación de Corredores (ACTC) charló con El Diario para describir un día en el que reflotó sus épocas de gloria.
Pasaron exactamente 24 años desde su última aceleración a un trazado completo y 29 años de su última competencia oficial, en diciembre d e1994 para que Osvaldo pise el acelerador a fondo.
“Fue una linda experiencia y encima, en La Plata, donde no corrí nunca. El circuito se inauguró en 1995 y ya le había alquilado mi Ford a Urretavizcaya”, recordó Lynn.
“Me sentí un poco perjudicado porque no tenía ninguna referencia a ritmo de carrera. Pero los autos son bárbaros, nada que ver con los que yo corría”, comparó.
-¿Cuál fue la mayor diferencia que notó?
- Lo que más noté fue la velocidad de giro que tienen. Vienen pegado al piso, tienen un efecto suelo muy bueno. Y eso que estábamos con gomas usadas. Ahí fui girando y acelerando cada vez más. Me gustó mucho.
-¿Volvió a renacer el piloto?
- En mi caso, el piloto siempre está incorporado. Es una adrenalina única y mientras me dé la vista esteré listo.
El único inconveniente fue el desgaste. “Físicamente me cansé bastante. Estos autos son símil a los que usábamos nosotros en el TC, pero no llevan autoblocante. Tenés que manejar más finito y volanteando bastante. Cuesta más trabajo llevarlo, pero después te permite todo”, aseguró.
“Hice un solo trompo, imagínate!” bromeó Osvaldo sobre las bondades del Ford. “En la curva lenta, que le llamamos del Molino, me pasé de largo”, confió.
“El manejo es igual a lo que hice en la década del ’90”, señaló y sentenció: “Me enloquecí”. “Me enloquece manejar, hubiera seguido andando”, aclaró.
“Una alegría para mí. Estaba la familia, llevé un montón de amigos, la pasé bárbaro. Volví a divertirme un rato”, contó.
-¿Puede haber una vuelta oficial a las pistas?
- No, mi tiempo pasó. Hoy es tiempo de mi hijo, de gente joven. Yo me puedo divertir un poquito, pero lejos de ir a correr. No porque no pueda, pero hoy te agarra un chico que es atleta y el automovilismo cambió mucho. Tienen los simuladores. Los pibes vienen de los kartings. Los pilotos son más pilotos.
“Nosotros éramos más pilotos/mecánicos que tampoco era tan bueno. Con mi experiencia, entiendo que el piloto tiene que ser piloto. Dedicarse a manejar el auto y no romperlo. Que no lo sacrifique, pero que no piense en todos los elementos que tiene el auto”, explicó.
“Nosotros íbamos escuchando el motor y se ensuciaba algo por un problemita, sea de bujía, nafta o lo que fuere y levantábamos. Ahora no podés levantar, por eso está tan competitivo el automovilismo”, comparó.
“Hoy son profesionales. Es muy raro que tengas un piloto mecánico como éramos nosotros, el Vasco Oyhanart y Lavallén”, rememoró.
“Nosotros armábamos el auto todo nosotros. En los trazados semi permanentes nos servía. Igualmente, los pilotos con talento, llámese Traveso, Mouras, Morresi, Castellanos, siempre marcaban una diferencia”, sentenció.
Osvaldo Lynn también se subió como copiloto de su hijo, Federico, en el autódromo de La Plata y dejó su análisis.
“Fede lo lleva con la puntita de los dedos, lo lleva bárbaro. Hoy hacer a fondo el curvón de La Plata no es para cualquiera”, resaltó.
“El auto está muy bueno. Ojalá pueda arrancar como terminó el año pasado, con podios en las últimas carreras. Hay que pelearla siempre”, concluyó.
Osvaldo Lynn sigue de cerca la campaña de Fede en el Pro Car. “Siempre le doy una mano y voy a las carreras”, dijo como preparador. “Tiene un gran equipo con la gente de Mercedes y la gente de José C. Paz, que son los dueños (los hermanos Caggiano). Les mando un agradecimiento porque son muy buena gente”, declaró.