Sr. Director:
Sr. Director:
Quiero expresar públicamente mi preocupación por una situación que, como madre y vecina de Pilar, considero que merece ser discutida.
En los últimos días se han registrado actividades de carácter político en las inmediaciones de colegios privados, incluyendo la realización de videos y la entrega de material político a jóvenes a la salida de las instituciones.
Mi planteo no tiene que ver con una cuestión partidaria. Tampoco con impedir que una persona haga política. Todo lo contrario: quienes ocupan cargos públicos tienen derecho a desarrollar su actividad política dentro de los límites que establece la ley.
El problema aparece cuando esa actividad se instala en la puerta de una institución educativa, en el momento en que salen estudiantes, muchos de ellos menores de edad.
Una escuela debería ser un espacio protegido de las disputas partidarias. Los chicos tienen derecho a concurrir y retirarse de su institución sin convertirse en parte de una actividad política, ni voluntaria ni involuntariamente.
La Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes reconoce expresamente su derecho a la dignidad, la intimidad y la propia imagen. También establece que, cuando existen conflictos entre derechos e intereses, debe atenderse prioritariamente al interés superior de niños y adolescentes.
Por eso, considero razonable preguntarnos:
¿Es necesario buscar el contacto político con adolescentes precisamente en la puerta de una escuela?
Si un dirigente quiere reunirse con jóvenes, conversar con familias o presentar sus propuestas, existen numerosos espacios públicos y comunitarios para hacerlo. No parece necesario convertir la salida de un colegio en un punto de captación, difusión o producción de contenido político.
También considero importante que las instituciones educativas puedan establecer claramente qué sucede en sus inmediaciones y qué medidas adoptan para preservar la seguridad y privacidad de sus estudiantes.
No estoy planteando que la política deba desaparecer de la vida de los jóvenes. Al contrario, necesitamos jóvenes informados, críticos y capaces de participar en democracia. Pero participar políticamente no debería significar que los adultos puedan utilizar el entorno escolar como espacio de campaña sin considerar el contexto y la presencia de menores.
Como madre, mi pregunta es sencilla:
¿Podemos dejar, aunque sea la puerta de la escuela, fuera de la disputa política?
Porque nuestros hijos tienen derecho a estudiar, salir del colegio y volver a casa sin convertirse en parte de una campaña.
Una escuela no debería ser un comité político. Y la protección de nuestros chicos debería estar por encima de cualquier color partidario.
Atentamente.
Liliana Galeano, Pilar, Buenos Aires.
