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Opinión

La protección de las fachadas: hacer ahora o perder para siempre

por Adrián Maciel*
8 de julio de 2023 - 17:22

En diciembre del año 2010 la casa más antigua del distrito fue reducida a escombros y con su destrucción también se hizo añicos parte de un Pilar que ya no existe y del que, de a poco, fueron desapareciendo sus últimos registros.

La vivienda estaba emplazada sobre la calle Antonio Toro de Presidente Derqui, frente a la vieja estación de trenes homónima de la localidad, y aunque no existían datos precisos acerca de su fecha de construcción historiadores estimaban que databa de 1860.

Los años que siguieron no mejoraron la tendencia en cuanto al destino de los edificios históricos. Basta recordar lo ocurrido en 2015 con la llamada “Galería Rosa” ubicada en la esquina de San Martín e Hipólito Yrigoyen frente a la plaza 12 de Octubre, hoy convertida en una tienda de capitales mexicanos, para graficar lo ocurrido.

En los últimos meses la vistosa casa de las 18 ventanas ubicada sobre la calle San Martín casi esquina Ruta 8, exponente de un exquisito estilo colonial español, fue puesta a la venta. Y de nuevo, al acecho, la amenaza de perder una de las (pocas) construcciones con valor arquitectónico que sobreviven en la ciudad.

En este contexto, urge la necesidad de que Pilar comience a proteger sus edificaciones valiosas tanto desde el punto de vista histórico como desde la arquitectura. Y aunque existe una ordenanza (37/14) aprobada en abril del 2014 que establece la protección de los “bienes culturales”, aún resta definir qué construcciones corresponden a esta categoría.

Un Pilar que no protegió las esquinas sin ochavas que todavía sobrevivían en ciertas localidades, ni su casa más antigua ni su galería más icónica en cuyo patio interno se erigía una fuente milenaria traída de la India cuyo destino hoy es incierto, no debería darse el lujo de seguir perdiendo edificios valiosos, que cada vez son más escasos.

La fachada de la carnicería El Águila en Rivadavia al 900, cuya obra data de 1917 y lleva la firma del constructor Domingo Topazzini; la casa de los balcones ubicada en la calle Lorenzo López entre Rivadavia e Ituzaingó donde el estilo art decó convive con el “italianismo” o el bar Samatán frente a la estación del ferrocarril San Martín, una de las pocas esquinas sin ochavas que resisten en el centro, son algunas de las construcciones que reclaman protección.

Entendiendo que el desarrollo comercial e inmobiliario siempre es bienvenido y que no es competencia de los inversores velar por el patrimonio local, la intervención del Estado se vuelve no solo necesaria sino imperiosa para cuidarlo y hacerlo valer.

*Abogado y concejal de Pilar.

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