Qué sería de los pueblos sin sus bares… ¿Dónde se tejerían historias, se confesarían aventuras, se forjarían amistades y florecerían discusiones de todo tipo? Pilar tuvo bares emblemáticos que ya no están, como Pepito, 25 de Mayo o La Alhambra, este último constituido en un refugio por el que pasó una incontable cantidad de pilarenses a lo largo de cuatro décadas. Un verdadero templo ubicado en Rivadavia al 600, casi esquina Lorenzo López, a metros de la Municipalidad.
Hace ya 30 años -septiembre de 1993- que el bar bajó las persianas para siempre, para tristeza de tantos vecinos que habían encontrado allí un lugar donde pasar las horas rodeados de amigos y conocidos.
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La inolvidable fachada de La Alhambra.
Foto: Germán Maass / Pilar en el Recuerdo.
El histórico propietario del local fue Quique Rodríguez, aunque allí funcionó en un principio el bar La Marta. Fue Regino Osés (un vasco tozudo que había debido exiliarse por causa de la persecución franquista) quien lo inauguró en 1953, dándole el nombre por el que pasó a la historia, en homenaje a la fortaleza mora ubicada en Granada.
Osés administró el negocio junto a su esposa, Francisca Bazán, hasta 1968, cuando decidió dar un paso al costado pero sin abandonar su condición de vecino comprometido con la comunidad.
Regino Osés, al frente del bar La Alhambra..
Regino Osés, al frente del bar La Alhambra con su esposa Francisca Bazán.
Habitués
Los memoriosos cuentan que La Alhambra siempre abría a las 5.30 de la madrugada y bajaba su persiana a las 2.30, y que solo permanecía cerrado el 1º de mayo por desinfección.
Cada día desfilaban los habitués, reunidos alrededor de las mesas para perderse en conversaciones interminables. El Negro Julio Maffía, Jorge Titi Villar, Carlos Cenobio, Chichín López, Bocha Martinelli, Miguel Márquez, “Bella Vista” y muchos pero muchos más…
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Parroquianos en la mesa del fondo, con Quique Rodríguez en la cabecera.
Foto: María del Carmen Rodríguez.
Los parroquianos sentían a La Alhambra como su lugar de pertenencia, un sitio en el que no existían las diferencias de clases, oficios ni orientaciones políticas. Incluso hasta habían formado su propio equipo de fútbol.
También fue un lugar propicio para aquellos que compartían cierto gusto por la quiniela y -sobre todo- las carreras de caballos, por eso los más burreros salían del bar en auto rumbo al hipódromo a jugarse alguna fija. De hecho, habían logrado engañar a doña Francisca haciéndole escuchar un programa hípico que se transmitía por radio a la medianoche, con la promesa de que en instantes comenzaría un ciclo de música clásica…
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Cacho González, Vasco Cataini y Bocha Martinelli, en una de las mesas.
Foto: Pilar en el Recuerdo.
Los últimos dueños de La Alhambra fueron Oscar Acciari y Beto Santa Cruz, aunque para ese entonces el lugar ya atravesaba cierta decadencia, no por recambio generacional pero sí por los primeros embates de la trasformación que sufrió Pilar desde principios de los ’90. La propiedad había sido comprada por un grupo de socios entre los que se encontraba Tono Aón, comerciante histórico del centro, pero el final fue inevitable.
Como tantos sitios que fueron y van quedando solo en la memoria, La Alhambra cerró hace tres décadas. El 12 de octubre de ese mismo 1993 se colocó una placa en lo que fue el frente del bar, a poco menos de un mes de su cierre definitivo.
Sin embargo, del lugar que fue refugio de tantos pilarenses ya no queda ni el recordatorio.