Historia

El robo del siglo

En 2009, una colección millonaria de cuadros fue robada en pleno centro de Pilar. Un caso que incluyó pedidos de rescate, contraespionaje, detenidos e impunes.

3 de octubre de 2026 - 12:52

Pocos pilarenses sabían que esa casona a menos de 100 metros de la plaza 12 de Octubre albergaba la segunda colección de arte más grande del país. Propiedad del médico Omar Mantovani, que entre otros pacientes famosos supo tener a Diego Maradona, la casa de frente discreto ubicada sobre la calle Hipólito Yrigoyen, entre Rivadavia e Ituzaingó, fue escenario del robo de cuadros más importante de la historia argentina.

El golpe, la investigación y posterior recuperación de gran parte de las pinturas, adquieren características de novela negra. Un empleado muy cercano a la víctima que termina por traicionarlo, una investigación oficial y otra paralela, la misma Iglesia Católica siguiendo de cerca cada paso con espías y todo, un integrante de la barra de Boca “La 12” que se quiebra y una mujer despechada aportan ingredientes. Sin contar que los autores materiales del robo nunca fueron encontrados.

El golpe

El 30 de noviembre de 2009, la tranquilidad de la casona de 5 mil metros cuadrados se vio quebrantada por la irrupción de cuatro delincuentes armados que cinco horas después terminarían llevándose 84 obras de arte entonces valuadas en 4 millones de dólares.

El chofer de Mantovani, Jorge Tellier, conocía los movimientos de la casa y sabía que no contaba con alarmas. Esa noche Mantovani –fallecido en 2018- no se encontraba en la mansión, los asaltantes lo sabían. Escalaron la pared de un vecino mientras que los otros dos, entre ellos una mujer, recorrían el perímetro de la casona ante la posibilidad de que apareciera la policía.

Ya en la vivienda, tomaron como rehenes a los caseros que desde hacía años trabajan para la familia, les quitaron teléfonos celulares y los mantuvieron cautivos. Como tenían una sola camioneta debieron hacer dos viajes hasta Merlo, primer destino del botín.

Uno de los integrantes de la banda conocía mucho de arte y se dedicó a seleccionar qué obras llevar del museo privado de 800 m2, donde la familia Mantovani coleccionó por más de 60 años obras de artistas plásticos argentinos y porcelanas europeas y de Australia. Muchas de ellas fueron adquiridas por los padres del médico, quien con el correr de los años fue ampliando el patrimonio.

Algunos de los cuadros recuperados tras el robo a Omar Mantovani, exhibidos por la policía en Pilar.

Algunos de los cuadros recuperados tras el robo a Omar Mantovani, exhibidos por la policía en Pilar.

En total, los delincuentes sustrajeron 31 cuadros del maestro Antonio Berni, once de Raúl Soldi, dos de Lino Spilimbergo - uno llamado “Joven”, valuado en 100 mil dólares-, tres de Jorge Larco, tres de Antonio Alice, dos de Reynaldo Giudici, dos de Horacio Butler, dos de Miguel Carlos Victorica y uno de Emilio Centurión, entre otros. Una colección que el propietario sólo mostraba a los miembros de su círculo íntimo.

Además, se robaron 75 mil dólares, 3.500 euros y 25 mil pesos en efectivo, esculturas de bronce, porcelanas, un cáliz de oro, un vestido de obispo con hilos de oro y varias figuras religiosas.

Cinco meses después del hecho, un total de 77 obras fueron recuperadas en un galpón del Partido de Moreno, aunque buena parte en malas condiciones. Muchos cuadros aparecieron orinados, con cortes provocados adrede y torpemente escondidos en un baldío. Tiempo después se produjeron las únicas cuatro detenciones por el caso.

Despecho

Al inicio de la pesquisa, un dato particular llamó la atención de los investigadores. Tellier, empleado de mayor confianza de Mantovani tampoco había estado en la casona. Al día siguiente, declaró que había permanecido toda la noche en el bingo con su novia y se mostró reticente a entregar su teléfono celular para ser investigado.

Entre los cuadros robados figuraban obras de Raúl Soldi, Antonio Berni y Lino Spilimbergo, entre otros.

Entre los cuadros robados figuraban obras de Raúl Soldi, Antonio Berni y Lino Spilimbergo, entre otros.

Las sospechas terminaron de tomar forma cuando se comprobó que aquella noche estuvo en contacto con dos hombres de apellido Jara –padre e hijo- propietarios de una joyería de Merlo, donde se presumía habían sido fundidas las piezas de oro sustraídas de la casa. El chofer fingía ser una especie de investigador paralelo del caso e intentaba tranquilizar a Mantovani diciéndole, “tranquilo doctor, yo voy a conseguir información valiosa de la banda y los cuadros van a aparecer”.

Para las detenciones fue clave el papel de dos mujeres. Una de ellas, la novia de Tellier, a quien un tiempo antes su pareja le había confesado su participación en el robo.

La mujer, quien habría sido víctima de violencia de género por parte del chofer, terminó contándole a la policía lo que sabía, suficiente para que el hombre fuera acusado y luego condenado como entregador. Años más tarde, murió cumpliendo su condena.

La segunda de las mujeres fundamentales para dar con parte de la banda fue la exesposa de Adrián Hernández Hanza, otro de los autores intelectuales del robo. Hasta ella llegaron luego de que Mantovani recibiera un DVD con fotos de las obras, en una suerte de pedido de rescate para recuperarlas enviado por los delincuentes.

En las imágenes se podía ver parte del galpón que alojaba los cuadros, que la citada mujer reconoció como propiedad de su exsuegro. A raíz de esto, Hernández Hanza fue detenido.

En lo que respecta a los Jara, la investigación determinó que fueron quienes contrataron a las personas que hicieron la logística y concretaron el robo. Gastón, el hijo, fue condenado en 2012 a cuatro años de prisión por la autoría intelectual.

En tanto que su padre, Norberto Hugo, fue condenado en 2013 a siete años de prisión por el mismo delito. Los autores materiales del robo nunca fueron encontrados.

Investigación paralela

Ya sea por la dimensión del botín sustraído, por el impacto político del caso -dado que Mantovani solía desempeñarse como una suerte de mano derecha del intendente interino ante las ausencias del entonces jefe comunal Humberto Zúccaro- o por las relaciones de la víctima con la Iglesia, la investigación fue tan eficiente como atípica.

Se destacó la labor de la entonces Policía de Investigaciones de Pilar (DDI) a cargo de Horacio “Pollo” Martínez, cuyos efectivos dedicaron las 24 horas del día durante esos cinco meses a rastrear a los delincuentes. Su labor fue reconocida tras el esclarecimiento. También intervino la División Interpol de la Policía Federal.

La policía de Pilar no siempre contó con los medios necesarios y siempre tuvo una suerte de sombra que la perseguía: agentes encubiertos que vigilaban a una distancia no tan prudente cada paso que a los sabuesos locales los acercaba al objetivo.

Por motivos hasta hoy desconocidos, la propia Iglesia dispuso de una suerte de espías que también erraban en tratar de pasar desapercibidos durante la pesquisa. Entre los elementos sustraídos se encontraban objetos religiosos de gran valor simbólico y monetario. Otros similares aún forman parte de la colección que dejó el médico.

Otro factor particular fue la participación de un integrante de la hinchada de Boca, quien actuó como una especie de arrepentido que, a cambio de impunidad, aportó datos claves para dar con los cuadros.

Destino incierto

La de Mantovani es la segunda colección privada de arte del país, después de la de Eduardo Costantini. En contadas ocasiones parte de las obras fueron exhibidas. Entre ellas, en una muestra organizada en Espacio Pilar en septiembre de 2010.

Mantovani junto a Maradona, su paciente más famoso..
Mantovani junto a Maradona, su paciente más famoso..

En 2013, 70 de sus obras fueron expuestas en la muestra “Autorretratos, retratos y figuras” de los más reconocidos artistas argentinos del Siglo XX, que se realizó en el pabellón de la UCA.

El 3 de noviembre de 2018, Omar Mantovani falleció de una enfermedad terminal. Soltero y sin hijos, no hay precisiones acerca del destino de su valiosa colección de arte privada. La mayoría sólo supo de ella a través de su desventura bautizada por Interpol, con poca creatividad pero con mucha justicia, como “El robo del siglo”.

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