Personaje

Adonis Cormery, a la hora señalada

El 15 de marzo de 1935 abrió las puertas de su relojería y joyería. Por su habilidad innata fabricó mecanismos con una precisión asombrosa. Su negocio se transformó en uno de los más exitosos de Pilar.
domingo, 14 de marzo de 2021 · 07:55


Por Alejandro Lafourcade
a.lafourcade@pilaradiario.com


Considerado un prodigio y un maestro en su actividad, Adonis Cormery fue uno de los grandes protagonistas del Pilar de la primera mitad del siglo XX. El 15 de marzo de 1935, el hombre abría las puertas de su relojería y joyería, por aquel entonces un pequeño emprendimiento que con los años se convirtió en uno de los negocios más reconocidos de la zona.

Don Adonis había nacido en Pilar, pero por diferentes circunstancias pasó su infancia entre la Capital Federal y la provincia de Santa Fe. Sin embargo, no olvidó sus raíces y regresó a su tierra natal a principios de la década del ‘30.

Hijo de un francés que se dedicaba a la mecánica de trenes y embarcaciones y de una vecina de Villa Rosa, desde muy chico demostró una habilidad especial para armar y desarmar diversos artefactos, combinando creatividad con un estilo meticuloso que le rindió frutos en su vida profesional.

Así fue como en su juventud se decidió a estudiar en la Escuela de Relojeros, entidad ubicada en la calle Ayacucho, de Capital. Allí se nutrió de la obra de Claude Sassin, célebre horólogo y astrónomo francés, su principal influencia y a quien seguía reivindicando cuando ya se había retirado de la actividad.

Recorrido
En aquel marzo de 1935 comenzó a funcionar la relojería y joyería Cormery, pequeño local ubicado en la calle Rivadavia al 700, cuando la fisonomía de una de las principales calles de Pilar era muy distinta a la actual: de tierra y con veredas angostas compuestas de ladrillos… Luego, en 1939, se trasladó unos 30 metros más adelante, cerca de la esquina con Independencia.

Ya casado con María Crifasi, la tercera y definitiva ubicación fue la Rivadavia al 500, entre Pedro Lagrave e Hipólito Yrigoyen, donde la joyería se asentó en 1941 para no volver a “moverse”.

Sin embargo, Adonis era mucho más que un vendedor de relojes: era un eximio diseñador y fabricante por lo que tenía su propio taller, donde pasaba horas produciendo piezas invaluables. Como él mismo afirmaba, “era más barato hacerlas uno mismo que viajar para ir a buscarlas a Capital”.

Epílogo
Con María tuvieron dos hijos, Elda y Mario Adonis. Luego de más de 30 años de trabajo en el local, el matrimonio decidió retirarse de la actividad a principios de la década de 1970, dejando la posta en manos de Mario y su esposa Mirta. En la actualidad,

Cormery es administrado por los nietos de sus fundadores, tercera generación de un negocio emblema del centro.

Luego del retiro, la pareja incluso dejó Pilar y se mudó a San Miguel, aunque tras varios años regresar a la ciudad, para instalarse en el club de campo Champagnat, donde pasaron sus últimos tiempos: allí, cuando recibían a los visitantes, recordaban viejos tiempos (incluyendo un cinematográfico asalto del que fueron víctimas), mostraban orgullosos el majestuosos reloj de pie que Adonis había construido y que aún funcionaba perfectamente y hasta rememoraban las piruetas que Víctor Vergani hacía con su avión a pocos metros de la Iglesia y por ende de su relojería. Fallecieron en 2009 con pocos meses de diferencia.

En aquellos años de retiro y recuerdos, también, ambos lograron ver en qué se convirtió aquel pequeño emprendimiento que decidieron poner en marcha hace ya 86 años. 

 

El reloj del Pellegrini
Dueño de una capacidad asombrosa para construir piezas de relojería, Adonis Cormery fue en su juventud celador del Instituto Carlos Pellegrini, donde sorprendió a todos arreglando un reloj que para todos –salvo para él- ya no tenía solución.

Así fue como le asignaron una misión por demás complicada: crear un reloj para la Regencia, con el objetivo de que fuese programado para sonar en los horarios entrada a clases y recreo. En 1932 presentó la que fue una de sus grandes creaciones, la que fue instalada de inmediato en el mítico colegio de Pilar, por ese entonces uno de los más prestigiosos del país.
 

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