Soy Mano

Guernica

domingo, 1 de noviembre de 2020 · 08:05


Por Víctor Koprivsek 

Algunos lienzos se hacen con lino y yute, que son telas que se obtienen de tallos de plantas comunes y corrientes que luego de pasar por un proceso “controlado” de putrefacción se rompen con facilidad, lo que permite separar mejor la fibra. 
Así fue como en un simple trozo de tierra, perdón, de lienzo, de poco más de siete metros y medio de ancho por tres y medio de alto, Pablo Picasso pintó una de sus obras más conocidas o importantes, que no es lo mismo, pero a quién le importa la diferencia.
-Estamos viviendo un momento muy especial- me dijo un flaco que hace bobinado de motores en Del Viso- ¿Te diste cuenta que ponen la cotización del dólar trucho y el dólar oficial en todos los diarios en la parte de arriba, una al lado de la otra? Y al dólar trucho le dicen blu y al oficial Banco Nación. Hay una diferencia de casi cien mangos entre uno y otro. Es un momento muy especial este- me dijo mirándome a los ojos por arriba del tapabocas.
Volviendo al Guernica de Picasso, este genio “hizo su magia” (como dirían los pibes) usando el contraste del blanco y el negro pero sobre todo valiéndose de una infinita gama de grises que son muy útiles, y funcionales, a la hora de pintar un cuadro de millones de dólares turistas.
Sino viste el cuadro te lo recomiendo. En estos días lo están recontra difundiendo en la tele. Yo no tengo canales de aire ni cable, solo Netflix y Youtube, pero me comentaron que todo el mundo está opinando a full sobre el Guernica.
Y me parece muy bien, porque la cultura es la que va a salvar a la humanidad de su autodestrucción.
Mucho se ha dicho sobre lo que quiso transmitir Picasso en esa pintura. Hay tesis, análisis, contextos, descripciones, figuras, relatos de relatos, mensajes y contra mensajes. En fin, acá va el mío: 
Los pies descalzos están rotos. Rasgados. De un lado una mujer con un niño muerto, del otro, un hombre implorando al cielo. En los extremos se sufre. Hay fuego por todos lados. En el centro, se destaca un caballo herido (un hermano trabajador, diría Raúl González Tuñón). Más pegadito a la izquierda (si estás de frente, sino a la derecha), una cabeza de toro guampudo que asoma con ojos de cocainómano. Y en el piso ¿es un guerrero el que está tirado?, digo, ¿son sus padres los que acuden estirándose hacia él? Parece que lo aman mucho.
Hay una lamparita arriba de todo, pero ahí me pierdo.
Es que me hace acordar a la cara de Armando, un vecino jubilado que vive en Morón y que el mes pasado le vino 85 lucas en la boleta de la luz. El tipo vive con su esposa en una casa común y corriente… como el lino y el yute.


 

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