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Vivir con un monstruo: el infierno de los abusos en primera persona

El relato de E., una joven que fue abusada por su padrastro durante su adolescencia. Ahora fue condenado a 14 años de prisión. "Llega un momento en el que te animás a decir basta", expresó la víctima.
Por Redacción Pilar a Diario 16 de junio de 2019 - 00:00

En los últimos días, la Justicia condenó a 14 años de prisión a un vecino de Pilar que abusó de su hijastra durante años, convirtiendo su vida en un infierno y dejándole secuelas que aún hoy la acompañan.
E. es hoy una joven de 27 años, estudió una tecnicatura y trabaja en su profesión. Está interesada en dar a conocer su historia porque “quizás pueda ayudar a otras personas que están pasando por lo mismo”.
Su calvario comenzó cuando tenía apenas 12 o 13 años: sus padres se habían divorciado y su madre volvió a formar pareja, esta vez con Fernando Gabriel Sayago, el ahora condenado.
Al momento del divorcio, E. tenía 5 años y fue a vivir con su papá. Pero tres años más tarde, por no poder hacerse cargo de la manutención, los niños se mudaron con su madre. Allí, Sayago (hoy de 44 años) rápidamente mostraría su costado más violento y manipulador.
Los golpes y gritos eran constantes, tanto hacia su mamá como a sus cinco hermanos: dos que compartía con su madre y otras tres nenas que la mujer tuvo con su segunda pareja.
Sin embargo, para E. la situación empeoró aún más. De los golpes y retos constantes se pasó al abuso sexual. Según la víctima, “desde noviembre de 2006 hasta enero de 2009, con la frecuencia inicial de una vez por mes, para luego suceder una vez por semana”. Y agregó: “Me hacía sentir vergüenza, que no tenía que decir nada, porque iba a ser mucho peor”.
Los ataques –de todo tipo- tenían diversos escenarios: su vivienda, el auto de Sayago, e incluso hoteles alojamiento de la zona a los que el abusador podía ingresar sin problemas acompañado de una adolescente menor de edad.
Si bien la joven no recuerda exactamente cuándo comenzaron los abusos, calcula que fue poco antes de la muerte de uno de sus hermanos, de solo 13 años. Incluso, uno de los ataques se produjo apenas un día después del fallecimiento.

Hablar
En la actualidad, E. recuerda que por esos días “sentía enojo por todo, vivía aislada y de mal humor”. Los abusos llegaron a su fin cuando la víctima se animó a contarle todo a su mejor amiga, en una larga caminata de Derqui que duró 4 horas. Su interlocutora escuchaba atónita lo que ella le contaba. Luego, le dio asilo en su casa, donde su madre no dudó en acompañarla a realizar la denuncia.
Mientras tanto, Sayago la buscaba, e incluso llamó un supuesto policía a la casa de su amiga, para hacerla desistir.
Una vez en la comisaría (en una dependencia de San Miguel), cuando llegó su mamá la abrazó y se puso a llorar. La víctima ya había declarado y uno de los oficiales tuvo que leer la denuncia, porque ella era incapaz de hablar por el llanto. Allí también estaba Sayago, quien le agarraba la mano y le decía “perdoname”.
Al poco tiempo, el hombre convenció a su madre de que la menor lo había seducido: la progenitora aceptó volver a vivir con él, de quien jamás se separó a pesar de la gravedad de las acusaciones. “El día que salga de la cárcel, ella lo va a estar esperando…”, comenta la joven con resignación.

Cuesta arriba
En tanto, para ella comenzó un largo y espinoso camino, que la llevó primero a casa de su padre, quien falleció tiempo más tarde. Sin ayuda económica, deambuló por varias casas y casi no tenía para comer, por lo que debió tomar empleos mal remunerados desde los 16 o 17 años. En su vida afectiva, durante años le costó forjar relaciones.
Además, teme que alguna de sus hermanas (Sayago tuvo otras tres hijas con su mamá) haya vivido algo similar. Por lo pronto, afirma que la violencia también era constante hacia ellas.
Cabe aclarar que en 2013 existió un primer juicio contra el abusador, en el que le dieron solo 4 años de prisión, aunque nunca fue preso. Luego, por determinadas irregularidades fue anulado por Casación, por lo que en mayo de este año se realizó un nuevo juicio. Allí, E. debió volver a detallar lo ocurrido, siendo revictimizada por la Justicia.
Ahora, con este nuevo fallo –no firme- de 14 años (la Fiscalía, encabezada por Leonardo Loiterstein con participación de Paula Romeo en la instrucción, había pedido 18), siente un poco más de paz: “Sentí un alivio, al menos ahora sí está preso”.

 

“Me hacía sentir vergüenza, que no tenía que decir nada, porque iba a ser mucho peor”. 
E.


El dato
En un primer juicio el hombre fue condenado a 4 años, pero ciertas irregularidades obligaron a un segundo proceso, con la condena reciente.

 


 

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