“Si visita Cuernavaca, conozca Pilar”, decía el slogan hace varias décadas atrás. Dicen los memoriosos que lo creó Fredi Llosa, miembro del grupo de jóvenes que en 1966 fundó el lugar para tener un lugar propio para encontrarse y pasarla bien, sin mayores ambiciones comerciales.
Ahora, casi 53 años más tarde (los cumpliría en febrero), Cuernavaca cerró sus puertas… El lugar de Bolívar al 500 que se resistió a ser un boliche igual a todos, el sitio de referencia de tres generaciones, una marca registrada del centro, ya es parte del recuerdo.
“Es una decisión que ya venía masticando desde hace tiempo –expresó a El Diario Daniel Blesa, su propietario desde hace casi 30 años-. El año pasado no ayudó, la verdad tampoco ayudé mucho yo… Decidí esto también porque es una etapa que ya está, ya pasó”.
Con respecto al futuro, afirmó que “en este momento no visualizo nada, no tengo planes inmediatos. Es un año difícil para todos”. Sin embargo, hay una clave: están en venta el lugar y sus instalaciones, pero no el fondo de comercio. “Es un final abierto, no sé qué puede pasar en el futuro”, señala.
Su relación con el lugar nace casi desde el principio, primero como cliente, luego como parte de un grupo que a fines de los ’80 lo alquiló por algunos meses en una época de vacas flacas: junto a él estaban Lucas Sordo, el Lagarto Ferrá, Chiquito Torres, Germán Aón y Toto Checchi. “Fue una época inolvidable, de lo mejor de mi vida”, recuerda.
A principios de los ’90 se convirtió en dueño, en sociedad con Manucho Grillo y Federico La Greca. Con el tiempo compró ambas partes y quedó como único propietario. “Pero ya llegó el final, ya está, todo tiene su tiempo”.
Cuernavaca fue un clásico que, durante medio siglo, mantuvo la frescura y la esencia de sus primeros días. Concebido como punto de encuentro, sus responsables a lo largo de los años mantuvieron siempre como prioridad que el sitio guardaría un halo especial. Quizás, el secreto de Cuernavaca es el haber nacido con un concepto de fraternidad que superó al mero hecho de comerciar.
Cambiaban las modas y los códigos, llegaban nuevos lugares a Pilar, pero Cuernavaca siempre estaba… “Nunca me gustó decirle boliche –indicó-, porque era más que eso, era un lugar de encuentro. Durante décadas no necesitamos personal de seguridad, sólo tuvimos cuando ya fue una exigencia. Además, jamás tuvo sector VIP: en Cuernavaca, todos eran VIP”.
La nota completa, este miércoles en El Diario Regional.