por Alejandro Lafourcade a.lafourcade@pilaradiario.com
El regreso de los remates, una tradición que atraía multitudes
Hubo una época en la cual los pilarenses se arreglaban y salían en familia un sábado a la noche, pero no para ir a un restorán ni al cine: la propuesta eran los míticos remates de Filemón Ruzo Alonso, evento que fue furor y que con los años se fue apagando.
Sin embargo, en breve regresarán los remates a Pilar de la mano de otro especialista, Gastón Ruzo, hijo de aquel pionero. La cita inaugural será el viernes 23 a las 18, en un local ubicado en la calle Levenne (continuación de Guido, entre Panamericana y ruta 25) al 185.
“Tenía la idea desde hace unos años, ahora los precios están altos, la gente tiene que comprar cosas usadas y el remate se presta para eso, para que la gente pueda comercializar cosas que no usan y a la vez comprar cosas que necesita”, expresó Ruzo a El Diario, palpitando la vuelta.
El hombre recuerda que Pilar “es un lugar en el que a la gente le gustaba mucho. Yo nací en un remate, es de lo que más conozco. Tuvimos remates en todos lados”.
Gastón sabe de lo que habla: su padre, Filemón Ruzo Alonso, siempre se dedicó al rubro. Llegó a Pilar en 1956, pero antes ya había rematado en Tortuguitas y Del Viso. “Él remataba y yo lo ayudaba, colaboraba”. En la ciudad se instaló en un local de la calle Lorenzo López y 11 de Septiembre, permaneciendo allí por décadas. Aunque también se remató hacienda, la familia siempre se especializó en muebles, antigüedades y artículos necesarios para el hogar.
Herencia
La posta de Filemón la tomó otro de sus hijos, Gustavo, fallecido hace 2 años, cuando también remataba Gastón.
Si bien en los últimos años había abandonado la actividad, ahora regresa “porque es un momento importante para que la gente abarate los costos. Además de eso es mi palo, mi rubro, lo que me gusta hacer”.
Y recuerda que “en la época de oro, el remate era una salida. Mi viejo remataba los sábados a la noche y la gente se preparaba para ir, era como ir a cenar. Le gustaba mucho a los vecinos, la gente salía, se cambiaba para ir al remate y divertirse, porque mi viejo lo hacía divertido, y de paso alguna cosa compraba. Todo terminaba cerca de la medianoche”.
Todo rematador es también un poco showman… “Hay que entretener a 200 o 300 personas, sin dejar de hablar durante 4 horas –dice Gastón-. No es difícil, pero tampoco es para todos. No te podés equivocar, logrando que la gente se sienta cómoda durante horas y además incitarla a que compre”.
Su carrera comenzó hace 30 años, pero antes hubo otros 20 como ayudante de su padre. Por eso, “la primera vez que me subí al banquito no estaba nervioso. Además estaban mi viejo y mi hermano mayor, los invité por si arrugaba (risas), pero no hizo falta…”.
Mecanismo
En cuanto a la dinámica, “la gente se acerca con la mercadería o nos llama y la vamos a buscar. Cuando uno se hace conocido, ya le traen las cosas. El remate es sin base, no tiene precio, salvo dos o tres artículos”.
Además, Ruzo aclaró que el ámbito del remate “es un lugar para que la gente traiga la mercadería que le sobra y no necesita más, el que quiera vender haciendo mucha plata, que lo publique en Internet… Esto es para otra cosa, para aquello que sobra, están en el galpón o el garage y liquidarlo, y para que otras personas puedan comprar barato”.
Por eso, en dichos eventos pueden encontrar “puertas, ventanas, muebles, camas, sillas, vasos, baldes, lo que se te ocurra… la gente trae lo que ya no le hace falta”.
1956
fue el año en el que Filemón Ruzo Alonso se instaló en Pilar para hacer remates.