Con esta pregunta, entré en el aula, el primer día del año lectivo, como docente recién recibido. Obviamente era un germinal de un largo trayecto que me esperaba.
La modestia y la sencillez, como punto de partida, me ayudaron a comenzar bien la vivencia de mi vocación.
Esa palabra, "vocación”, es lo que me encanta, más aún, me guía como el farol, en mi profesionalidad. Es decir, la enseñanza, para mí, no es una simple profesión más, con remuneración.
No tengo una fortuna como herencia recibida. Quiero ganar horadamente el pan con el sudor de mi frente. Por la misma razón nunca aproveché las licencias médicas como un escudo legal para zafar. La formación familiar siempre apuntaba a una conciencia recta. Por eso, supe tomar decisiones legalmente permitidas y no necesariamente correctas, ni ética y menos cristianamente.
Si yo "zafo” de algo, ¿qué es lo que estoy diciendo indirectamente a mis alumnos y a mis hijos? Los alumnos no son incrédulos. Si miento, sabía muy bien que perdía mi autoridad moral y pedagógica.
Descubrí a lo largo de mi vida docente que la relación entre docente y alumno, una relación muy particular, cuando esa relación se funda en un trato respetuoso y amoroso. Porque una relación basada de afecto y respeto mutuo en la enseñanza se convierte en un espacio privilegiado. Porque surge una influencia positiva, moral, efectiva…
Quizás una carencia de nuestra sociedad actual es que no tenemos un referente que me gustaría llamar como modelo. Todos necesitamos un paradigma y modelo que nos trasmita lo mismo con su vivencia.
Los alumnos sí o sí necesitan este referente, de una persona de carne y hueso, que esté con ellos a diario. Este referente es quien les muestra el camino. Una referencia correcta como triunfar en la vida y llegar a ser alguien.
El contenido y los detalles, quizás no los recordarán, pero sí o sí se acodarán siempre cómo eran sus seños y profes con ellos. Las actitudes y los comportamientos, no expresados verbalmente, son lo que calan en sus mentes, la inteligencia y el corazón permeable de un alumno, genera admiración porque el alumno sabe que tiene un ejemplo concreto a seguir.
Todo somos imitadores innatos. Nuestros alumnos son estos pequeños imitadores, y estamos frente a ellos y con ellos, a veces olvidándonos de esta gran verdad. Es decir un buen docente se convierte en referente en la vida de sus alumnos. Es lo que me gratifica profundamente, más allá de la gratificación económica...
Jesús, Maestro de los maestros, enséñanos a ser referentes como tú.
¡FELIZ DÍA DEL MAESTRO / PROFESOR!