Un niño jugaba con un barrilete. El barrilete zigzagueaba según la brisa.
Su padre le daba indicaciones: en qué momento tiene que agarrar bien el hilo para que el barrilete no se vaya a la deriva por el viento, así también cuándo tiene que aflojarlo para que él pueda volar.
El barrilete vio el suelo con flores, árboles, etc. Quería subir más alto para ver mucho más y llegar hasta la Luna.
Un águila volaba por allí.
Lo felicitó: "tú, un simple barrilete de papel has volado y logrado mucha altura que solamente nosotros podemos lograr”.
El barrilete se sintió muy orgulloso, y con arrogancia, le contestó: podré volar más alto aún.
El problema es el hilo que me impide lograrlo. El niño me controla, si esto fuera poco.
El águila quería ser cómplice. Le contestó que si esto es el gran problema, podría ayudarte, cortando el hilo con mi pico.
Por favor, le respondió.
Él se lo cortó.
Así sin ningún control ni orientación el barrilete empezó a volar con su propia libertad.
Al ver que el barrilete iba sin rumbo, el niño empezó a angustiarse…
Pronto un vendaval lo agarró y destrozó.
El barrilete arruinado cayó en un pozo de estiércol.
A ver el final trágico, el niño lloraba…
¿Moraleja?
Podríamos decir que todo el alumnado es como aquel niño, con los barriletes de sueños en sus manos.
Los docentes y las familias son los guías quienes les dan las sabías orientaciones, según en cada momento, siendo hilos vitales e irremplazables.
El hilo es el lazo que debe existir entre los alumnos, los docentes y las familias.
Un lazo de confianza mutua: no de "imposición”, ni "complicidad”, menos de "vista gorda”…
Frente a las inquietudes de los alumnos, los docentes y las familias deben incentivarlos con nuevas motivaciones: esto requiere paciencia, prudencia, exigencia y compromiso.
Es vital una cálida relación interpersonal, de respeto y querer mutuo.
Cada aula es colectiva, pero no menoscaba la individuación de cada alumno.
Jesús enseñaba con sus ejemplos. La ejemplaridad constituye la columna vertebral de la vocación docente, más que conocimiento.
El respeto al docente primero se aprende en la familia. Así podríamos decir: "de tal palo, tal astilla”.
El orden y la limpieza del aula, y el cuidado del medio ambiente, son una responsabilidad compartida. La familia y los docentes deben ser los primeros en tomar consciencia de ello.
Ojala que cada docente pueda decir como JESÚS: "… les he dado un ejemplo…” (Juan 13, 15).
Muchas BENDICIONES.
FM Plaza 92.1
Pueden escuchar los micros del padre Sayu, "Con Jesús y María mi vida es feliz”, lunes, miércoles y viernes a las 22, por FM Plaza 92.1. Correo:
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