MOLESTIA PARA LOS VECINOS

Un “arte” que da dolor de cabeza

Se denominan tags y lo desarrollan jóvenes, sobre todo, a la salida de los boliches. Desde las últimas semanas no respetan paredes de casas y comercios del centro.

Por Redacción Pilar a Diario 16 de septiembre de 2016 - 00:00
Para algunos, lo que lo hacen y lo firman, es arte. Ni más ni menos. Para otros, los dueños de las paredes que hacen las veces de lienzo, mucho más que un enchastre. Y además la necesidad de gastar un buen dinero para poner en condiciones la pared.
Los grafittis ya son un costumbre en Pilar desde hace décadas pero en los últimos años la modalidad varió y las palabras, frases o dibujos primarios tornaron en movimientos de aerosol ilegibles e incomprensibles para el vecino de a pie.
Esos raros dibujos nuevos son los que en la jerga se denominan tags, una firma sobre las paredes o cualquier superficie siempre y cuando el marcador u objeto a usar esté hecho especialmente para esas superficies.
Ese arte urbano o under pero que ha ganado las calles de todo el mundo también se ha instalado en Pilar y es, hoy, el enemigo público número 1 de las paredes de las localidades del distrito.
Basta dar una vuelta no muy grande por el centro de Pilar para observar estas firmas pero hay calles como Bolívar, Independencia, San Martín, Víctor Vergani o hasta Rivadavia que son un verdadero muestrario de tags. Derqui o Del Viso también pueden dar fe del paso de estos tatuadores de paredes.
Los primeros tags se vieron hace un lustro en la zona cercana a la estación de trenes, Tomás Márquez, Nazarre y aledañas, pero ahora ese arte se expandió por todo el centro. Y los frentistas ya no saben cómo hacer para disimular la presencia de estos escritos hechos con marcadores, aerosoles o fibrones en paredones, portones o ventanas.
Quienes dicen conocer los movimientos de lo que efectúan estos garabatos, aseguran que el arte es realizado a la salida de los colegios o por las noches, "cuando hay poca gente en la calle”.
¿Qué se busca? Marcar territorio entre bandas, efectuar declaraciones de amor o simplemente dejar estampada la firma de uno o de un grupo en la pared. ¿De quién es el lienzo? Eso no importa.

Un dinero
Lo cierto es que los vecinos que sufren esta iniciativa juvenil no solo pasan por un mal momento (en muchos casos reiterado en el tiempo) sino que además deben desembolsar una buena cantidad de dinero para recomponer la situación. Algo complicado porque los grafiteros utilizan tintas muy adherentes que son de difícil remoción.
"Para nosotros no es arte urbano, es un enchastre y hace que los vecino ya casi no tengan ganas de pintar paredones o paredes externas”, le contó a El Diario, Alejandro Díaz propietario de la pinturería Brazo Largo.
Es que una lata de pintura de 20 litros puede costar hasta 1.700 pesos y se puede trabajar sobre 80 metros cuadrados "Y a eso hay que agregarle la mano de obra. Alguien que limpie la pared o el lugar a pintar, que lo rasquetee. Son un par de días de trabajo y eso suma dinero”, explicó Díaz.
"Para la gente es un mal momento y para nosotros, al revés de lo que se puede pensar, tampoco es positivo porque hay muchos vecinos que, como le pintaron muchas veces las paredes externas, prefieren gastarse la plata para mantener el interior de sus casas”, remató el comerciante, quien en su negocio escucha a diario las quejas de las víctimas de esta modalidad cultural. 
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