Las carnicerías, en riesgo por la suba de la electricidad

Es uno de los rubros más afectados con los aumentos de más del 300%. Para muchas, las ventas disminuyeron hasta un 50%. Algunas analizan bajar las persianas.

22 de mayo de 2016 - 00:00
Tras la advertencia de la Sociedad de Comerciantes, Industriales, Propietarios y Afines de Pilar (Scipa) por el impacto de los aumentos de la tarifa de la energía eléctrica, El Diario recorrió locales de uno de los rubros más afectados, las carnicerías.
En un alto porcentaje, coincidieron que viven un momento muy difícil de afrontar con los aumentos en las tarifas, alquileres y una fuerte baja de las ventas, ante la caída del poder adquisitivo de los trabajadores y el incremento del precio de la carne.
En un relevamiento, los carniceros contaron sus cambios de hábitos, la baja del personal y algunos hasta aseguraron que analizan la posibilidad de bajar las persianas “antes de endeudarnos”.
Esa es la preocupación lanzada por la cámara de comercio céntrica: la aparición de locales que podrían cerrar sus puertas por no poder hacer frente a los nuevos costos.
“Pagaba cerca de 2.000 cada dos meses y el dueño nos mostró que la última factura le llegó de unos 5.000 y es por mes”, contó Javier, empleado de una carnicería céntrica que, mientras repasaba el mostrador con una rejilla y aseguraba: “A pesar de ser sábado, no anduvo mucha gente”.
Cuidar de no dejar luces prendidas, evitar encender las de afuera y el achique en los días de algunos ayudantes, fueron las medidas que se tomaron según contó el trabajador, que solo gesticuló levantando las cejas ante la pregunta por si temía por su puesto de trabajo.
La escena se repitió en al menos tres carnicerías del centro, donde las ventas bajaron ferozmente y los costos fueron la antítesis, con subas inesperadas y con una respuesta concreta: “Vamos a esperar y ver qué pasa en los próximos meses”.

Esperanza
El caso testigo de la advertencia de Scipa es el de Abel, el joven carnicero de Frigorífico Santiago, cuya carnicería estaba literalmente vacía ayer por la tarde: “Y eso que tenemos precios baratos”, señaló.
“Vamos a esperar uno o dos meses, si no levanta la venta tendremos que cerrar, antes de endeudarnos”, lamentó el comerciante.
Abel explicó las razones: “Las ventas fueron cayendo desde mediados de febrero y no remontaron más, hoy vendo apenas un 50% de lo que vendía” y señaló: “Estoy solo porque al chico que me ayudaba tuve que decirle que venga dos o tres veces por semana”.
En tanto, sobre el incremento en las tarifas eléctricas, señaló: “El aumento de la luz me mató, pagaba 2.700 pesos bimestrales y ahora me vinieron 9.960 pesos mensuales”.
Las medidas adoptadas ante el tarifazo cambiaron los hábitos de Abel: “La heladera mostrador, la apago y meto la carne en la cámara todos los días al mediodía y noche; la luz del cartel de afuera la saqué y acá adentro prendo lo menos posible”.
Pero además de lo que sufre en el local, el carnicero contó que tenía clientes en distintos barrios, San Alejo, Agustoni, La Lomita, entre otros, a los que les vendía piezas completas: “Carnicerías chiquitas o despensas que sumaban algo de carne, pero en los últimos meses cerraron todos”, contó.
Al mismo tiempo, tiene como clientes a varios restaurantes del distrito, los que bajaron en más de un 50% las compras: “No es que bajó la venta en el local, sino que en todas partes se sienten los aumentos y la gente solo pasa y pregunta, pero no compra”.
Mientras contaba su situación a El Diario, Abel recibió de manos del dueño del local su factura de pago: “hasta hace unos meses pagaba del 1 al 5 y lamentablemente recién hoy pude pagar el alquiler”, aseguró. 

Costos 
En todos los casos los comerciantes aseguraron que es imposible trasladar los aumentos de la energía eléctrica a los precios, afirmando que en ese caso las ventas se irían “al tacho”. 

5,2%
Fue la caída del consumo de carne vacuna en el primer cuatrimestre del año en comparación al mismo período de 2015, según la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra) que aseguró fue el peor en los últimos 4 años.
 
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