Por Fernando J. D’Auría
Estimados lectores, los árboles, en su silencioso andar vital, van siendo contemporáneos a sucesos históricos de nuestra sociedad pilarense. Por eso hoy, en plena vigencia del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas, y en los 34 años del inicio de su ocurrencia, me es menester resaltar aquel monumento en su honor construido en el centro de la plaza 12 de Octubre. Justamente se halla mirando al palacio municipal, a la derecha de nuestro Espinillo.
Y es nuestro ejemplar (Acacia caven) el que recibió aquel 11 de septiembre de 1942 la decisión de mi pueblo y del Concejo Deliberante, el honor de ser patrono de nuestro Pilar.
Un arbolito de porte bajo y criollo nativo del espinal, que en otros momentos de la evolución eco sistémica, tejía sus intrincadas y espinosas ramas formando bosquecillos con las propias del Tala (Celtis tala).
Un ejemplar de la familia de las leguminosas, conocido también como churqui o aromito, que se digna majestuoso a florecer con sus globosas y fragantes inflorescencias amarillas honrando con esta maravillosa expresión fenológica, la festividad de Nuestra Señora del Pilar, el 12 de octubre de cada año.
Este tiempo de floración, año tras año va variando debido al cambio climático que adelanta la primavera. Su madera es dura y formadora de un tronco con corteza rugosa que ramifica a poca altura con una copa apaisada.
Sus hojas son pequeñas, compuestas y bipinnadas, de color verde oscuro que pasan el invierno pilarense entre cada triada de pequeñas espinillas punzantes que tienen sus yemas.
Toda una descripción botánica que como permitido pedagógico me leen ustedes, estimados lectores, como docente y que a 9 años de la injusta muerte de Carlos Fuentealba también deseo recordar en esta nota a su “camino de un maestro”.
Y permítanme considerar una esperanza: la de creer que bajo su sombra y la fragancia primaveral de este ejemplar de nuestro Árbol Patrono Espinillo, descansa el espíritu noble y pilarense de aquel formador incansable de nuestra cultura local, que en su gestión como secretario de Cultura, supimos trabajar juntos en la investigación para reponer la desaparecida placa de bronce que declaraba originalmente al espinillo con sus honores, por otra de mármol con idéntica función. Me refiero a nuestro amigo pilarense José Sánchez.