La
del sábado 21 de mayo era una noche decidida a quedarse en la historia de
Racing. Es que decía adiós Diego Milito, el gran ídolo del último tiempo. Ese
que optó por dejar las comodidades europeas para volver al club que lo formó y
al que guio a un nuevo título argentino.
Pero
para nosotros, la noche pasó a la historia por otro nombre propio. El de
Santiago Fretes, a quien primero conocimos porque fue el pibe delvisense que en
una foto apareció prestándole una de sus muletas a un amigo para que pudiera
ver a Milito desde atrás del alto paredón de la tribuna lateral. Pero detrás de
eso descubrimos una historia mucho más fuerte.
Santi
tiene 10 años, vive junto a sus padres y una hermana en Del Viso y tiene una
malformación genética por lo que le falta la pierna derecha. Esa es la razón
por la que utiliza muletas. Esa circunstancia no le ha impedido darle rienda
suelta a su pasión por los deportes ya que alentado por su familia no solo
juega al fútbol en el Club Unión sino también practica taekwondo y anda en
bicicleta.
"A
partir de lo que pasó esa noche en la cancha de Racing fue un año diferente
para mí y para mi familia”, le contó Santiago Fretes a El Diario. Y recordó: "si se necesita, yo hago siempre eso que hice
con ese pibe y la foto la sacó mi mamá porque creía que se iba a romper la
muleta pero jamás imaginamos que iba a suceder lo que pasó”.
¿Qué
pasó? La imágenes (alguien desde la tribuna también filmó el momento)
conmovieron a futboleros y no futboleros de todo el país. Fretes se hizo
presencia habitual en programas de radio y TV de todo tipo y hasta comenzaron a
llegar ofrecimientos para ayudar a Santiago desde todo el país.
Amistad
"A
Racing lo vamos a ver casi siempre pero yo un poco miro el partido y un poco
juego con los chicos en la parte de abajo de la tribuna”, reconoció Santi, que,
como casi todo el mundo Racing era devoto de Milito pero ahora tiene como
ídolos a Lisandro López y Oscar Romero. "Son los que más me gustan del equipo
de ahora y espero que no se vayan”, imploró.
Pero más allá de nombres propios actuales, aquella noche había que ver a
Milito, agradecerle su vuelta y enriquecer su despedida. Los chicos se
entretuvieron más de la cuenta jugando a la pelota y corrieron hacia el paredón
cuando el "Príncipe” arrancó con su salida. "Yo me subí a las muletas y estaba
viendo a Milito y como mi amigo, que llegó después, no llegaba a ver la cancha
porque el paredón es más alto, le presté una muleta para que se suba”, rememoró
el delvisense.
Desde
un poco más atrás, su mamá Sabrina rescató el momento con un fotografía digna
del mejor profesional. Una de esas imágenes que no necesitan explicación y se
convirtió en una de las fotos del año. "Me emocionó la imagen pero al mismo
tiempo creía que se iba a romper la muleta”, apuntó.
La
muleta no se rompió, la historia de Santi se hizo conocida a nivel
internacional y él, lejos de los flashes y las cámaras, siguió con su vida
"normal” aunque a sus compañeritos les causaba una "sensación rara” verlo todos
los días en los medios. El sábado, bajo un calor agobiante, disputó el último
partido del año con su equipo de la categoría 2006 de Unión de Del Viso. "En el
club me va bien, juego en la divisional 2006 como delantero o mediocampista y
uso la camiseta 10 o la 11. Dicen que juego bien”, soltó con timidez pero
decidido, como cada vez que encara con pelota dominada. Y en el mismo sentido,
aclaró: "jugar con muletas no me genera nada y los compañeros son unos genios”.
Larga
espera
Lo
que generaron la foto y el video que le mostraron al mundo los sentimientos y
la tenacidad de Santiago, también hicieron visible otra historia. La de la lucha
de su familia por darle al pibe una mejor calidad de vida.
Los
dirigentes académicos lo incluyeron en el programa Racing Integrado e incluso
el club y hasta el Ministerio de Salud de la Nación se comprometieron a pagarle
una prótesis de características especiales y que incluso necesita de una
cirugía. Pero los turnos se demoraron, cambió el gobierno y hasta ahora no hay
novedades
Lejos
de esas situaciones de grandes, de cualquier polémica y dolor, Santiago ríe...y
juega. Y lo hace muy bien.