El viajar es un placer canta Pipo Pescador que, claramente, jamás tuvo que tomar tren o un colectivo en la estación del Ferrocarril San Martín de Pilar.
Estación Pilar, carrera con obstáculos
La remodelación lleva más de un año y medio. Hay pasillos intransitables y un puente que no se puede utilizar.
La alegría que todos los pasajeros mostraron allá por enero del 2014 cuando comenzaron las obras de remodelación de la cabecera del ramal, se convirtió en una agonía.
Pero además, para no desentonar, las condiciones de las paradas de colectivos y la calle de la mini terminal también están en estado deplorable. Y si no sos asiduo pasajero de una línea para saber dónde para, tenés que ser adivino o encontrar a alguna persona amable que te lo indique, ya que los carteles brillan por su ausencia.
A 20 meses del inicio de los trabajos de refacción dentro de la estación de trenes de Pilar, la situación realmente es extraña en cuanto a diagramación e incomodidad de los usuarios. Hoy, las boleterías dan provisoriamente a la calle, pero ubicadas en un lugar poco estratégico: en la zona de las dársenas para colectivos.
La ubicación no estaría nada mal si no fuese que los pasajeros que sacan el boleto deben recorrer unos 200 metros para llegar hasta el extremo más lejano e ingresar por ahí para acceder a la formación.
Pero además, en esa entrada, la más cercana a la Escuela Media 8 para establecer un parámetro de distancia, hay un zigzag peatonal por el que no pasa más de una persona y por el mismo camino que hace la locomotora para girar y volver hacia Retiro o la formación completa hacia Manzanares y Open Door.
Esto sin tener en cuenta que desde la boletería hasta el extremo de la estación, el único camino es una vereda inexistente, llena de obstáculos como desniveles, barro y agua, devenida a un pasillo entre el alambrado y los colectivos que no entran a la estación y allí paran esperando la llegada de los trenes.
Nada de llegar con el tiempo justo, porque para alcanzar el tren habría que ser Usain Bolt y lograr hacer 200 metros en 19 segundos pero evadiendo obstáculos.
Rarezas
En cuanto al trabajo que realiza la empresa contratista Oshi S.A, caen todas las miradas por demoras, parches, instalaciones mal hechas. Entre ellas, fuentes ligadas a la estación contaron a El Diario que el puente peatonal que aún no puede utilizarse, tendría una inclinación incorrecta y debería ser modificado. O la colocación de luces leds, que luego de instaladas fueron obstaculizadas por un techo y otros faros colocados debajo de éste.
Pero si dejamos el tren y queremos viajar en colectivo, aunque la mayoría de las personas que llega en el ferrocarril debe tomar al menos uno, observamos que la cinta asfáltica en el ingreso a las dársenas fue reemplazada por pozos, a excepción del parche de material caliente que fue colocado por el Municipio en el lugar donde meses atrás se enterró un colectivo.
Pero solo basta correr la vista hacia la calle Nazarre, en el islote donde están las paradas de los colectivos que solo pasan y no entran a las dársenas: el triángulo es un pantano y no existe un solo cartel que diga en cuál de los refugios se detiene cada línea y adónde se dirigen.
El servicio quedó a salvo
A pesar de todos los inconvenientes que tienen los pasajeros para poder abordar el tren o bajar de él, las consultas realizadas por El Diario muestran a la gente muy conforme con el servicio.
A excepción de algunos enojos por cortes de vías o cuestiones ajenas al ferrocarril, los usuarios aseguran que la mejora en las formaciones se trasladó a la totalidad del servicio del San Martín y demuestran gran conformidad con las frecuencias y los tiempos de llegada a destino.
“Como sé que el tren anda a horario y quiero evitar las corridas y todas estas vueltas que te obligan a dar, me tomo un tren antes cuando vengo a trabajar y uno después cuando me voy y viajo tranquila”, contó Noelia al bajar del colectivo y camino a sacar el boleto y comenzar la odisea.