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LA COLUMNA DEL PADRE SAYU: La primavera, ¿no muestra el rostro de la Iglesia?

20 de septiembre de 2015 - 00:00

 Comienza la primavera. ¡ Podríamos decir que La Iglesia también es como un jardín primaveral! Este vergel, con los africanos, los americanos, los asiáticos, los europeos y los oceánicos, juntos testimonian y anuncian la Buena Nueva del Reino de Dios, en todas las naciones, razas, lenguas y culturas. 

Son las flores que principalmente embellecen a un jardín. Cuando las flores son de distintas especies, hay un encanto especial porque varían los aromas, los colores, las formas y los tamaños. Las flores rojas y amarillas son de colores cálidos; el azul, el rosa, el violáceo, y hasta las flores blancas, todas nos llenan de admiración. 
Qué sabiduría admirable es la del Creador del planeta azul con árboles: gigantescos, medianos, arbustos y plantitas. Cuando las acuáticas se mueven según las olas, las parascópicas, según las brisas. Cuando algunas tienen las hojas grandes como paraguas, otras, chiquitas como pestañas. Cuando unas tienen frutas en el aire como las manzanas, otras, en la tierra como los zapallos y aún más, otras con sus tubérculos en la tierra como las papas. Unas frutas son grandes como las sandías, mientras otras son pequeñas como las cerezas. Cuando unas son ricas en vitaminas, otras, en minarles. Algunas son jugosas como naranjas, otras, pulposas como las papayas. 
Los seres humanos nos alimentamos de las hortalizas: de raíces, como la zanahoria; de hojas, como la espinaca; de tronco, como la caña de azúcar; de granos, como trigo, arroz, cereales y legumbres. Cuando carnosas almendras tienen cáscaras duras, los tomates, cáscaras finas. De la naturaleza Dios alimenta  a los seres vivientes.
Es admirable el mutualismo entre las plantas e insectos. Por ejemplo, las micorrizas son esenciales para el 70% de las plantas terrestres y están en el incremento de la biodiversidad.
Todas las flores tienen algo en común: la miel. Podríamos decir que la miel en común que tenemos los cristianos es el amor-ágape. Esta miel es la que la Madre Teresa de Calcuta daba a los abandonados. Ahora la unión europea abrió las fronteras para recibir a los refugiados y otros innumerables lo hacen, a través de las caritas parroquiales. La Biblia como el GPS, nos guía en todo, en el amor. 
La Iglesia es la unidad en diversidad como un jardín florido. Dice la Biblia:- Todos los creyentes vivían unidos y compartían todo cuanto tenían (Hechos 2, 44).  Estamos llamados a trabajar en el jardín de Dios, para el bien común. 


Pueden escuchar los micros del padre Sayu, “Con Jesús y María mi vida es feliz”, lunes, miércoles y viernes a las 22, por FM Plaza 92.1. Correo: sajusvd@gmail.com 
 
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