Falta de luz = riesgo de vida

Marta tiene 71 años y lleva varios días sin luz. Teme perder la insulina que debe aplicarse tres veces por día. “No le importa nada a nadie”, dice su hija.

5 de agosto de 2015 - 00:00

Aunque en los últimos días los cortes de energía no fueron tantos, seguramente entre otros motivos porque las bajas temperaturas dieron un respiro, la situación en el distrito está lejos de ser normal.

Realidades puntuales, quizás no masivas, pero de extraña larga data y que le complican al extremo la vida a quienes las padecen. Una de ellas es la de Marta, vecina de la localidad de Del Viso, que es insulinodependiente, vive sola y no tiene energía eléctrica en su casa desde el domingo pasado cuando empezó a padecer las consecuencias de un apagón.
“Hace cuatro días que mi mamá no tiene luz. En junio le pasó lo mismo y esperamos que esta vez no llegue a tanto porque sería un grave problema”, contó Patricia, hija de la damnificada, en una entrevista con el programa Código Plaza (FM Plaza 92.1).
La mujer continuó con su relato: “Mi mamá tiene 71 años, es insulinodependiente, vive sola y en este momento a eso se le suma que está esperando una tercera operación de rodilla por lo que hace un mes que está en reposo absoluto”, enumeró Patricia, dejando en claro el difícil escenario que afronta su madre.
La necesidad de contar con insulina hace que Marta tenga una importante cantidad almacenada en su heladera pero la falta de luz podría dejarla sin ese vital medicamento. “Debe aplicarse tres dosis diarias de insulina y la misma debe estar refrigerada de manera continua porque cuando se corta la cadena de frío ya no sirve”, explicó Patricia. Y agregó: “es indispensable para ella, incluso el azúcar en sangre le puede subir por los nervios y necesita inyectarse”.
A partir de esta situación, los familiares de Marta han dispuesto a una persona para que la acompañe y han tenido que improvisar distintos métodos para mantener refrigerada la insulina y al mismo tiempo cerca de su vivienda: “una parte del stock está en la casa y otra se llevó a la vivienda de un vecino, que por suerte son gentiles y le van cuidando los remedios porque los necesita y porque además son muy caros”.
No es la primera vez que esta situación se da en la casa de Marta, quien en junio debió soportar siete días sin energía eléctrica y debió montar un operativo similar para que la insulina y otros remedios no corten la cadena de frío. “En aquel momento hicimos reclamos a Defensa del Consumidor, Edenor, el ENRE pero nos mintieron siempre, nos sacaban del medio con promesas y evasivas y el tema nunca se solucionó y nadie nos dio una respuesta”, disparó Patricia.
Repitiendo frases lanzadas por quienes han atravesado situaciones de similar calibre, Patricia destacó que “el problema es grave pero no le importa nada a nadie” y calificó al caso de su madre como el de un “total abandono de persona”. “Es desesperante porque no estamos hablando de comida que se pudre, sino de temas de salud y muy graves”, cerró. 
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