Según el cuento, hace muchos años, unos pastores levantaron un muro de bloques de adobe. Era un aprisco para recoger por la noche a las ovejas, y que las cabras no se les escaparan. Pero el viento y el agua pronto desgastarían el muro y se vendría abajo.
Había que volver a levantarlo todos los veranos. No pudieron hacerlo de piedra, que dura más, porque en aquella región, no había piedras.
Un día un tallo de hiedra empezó a echar raíces en los cimientos de aquel muro de adobe. Entonces el muro le dijo:- Oye, hiedra, déjame tranquilo, que me vas a deshacer lo poco que tengo de cimiento para apoyarme.
Entonces, la hiedra le dijo:- Vamos a hacer un pacto. Yo solo puedo arrastrarme por el suelo. Me pisan todos los que caminan, y no podré sobrevivir. El polvo me va a ahogar. Tú, en cambio, tienes los cimientos más adentro que no se ven y la altura que puedes prestarme para que yo crezca pegadito a ti.
Y tú, ¿qué me darás a cambio? Le preguntó el muro.
La hiedra le contestó amablemente:- Muy sencillo. ¿No te quejas de que te desmoronas enseguida con cualquier cambio de tiempo? Yo te cubriré entero, con mis hojas siempre verdes, para que la lluvia escurra y el viento resbale, así no serás un muro sin fortaleza, y yo, no seré una hiedra a la que se la maltrata y pisa.
Hicieron una alianza para sumar sus debilidades, para el beneficio mutuo y vivieron muchos años juntos.
¿No debería también existir una buena colaboración entre todos: entre la escuela y la familia, la sociedad y el gobierno?
El Papa Francisco dijo:- Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos queremos insistir en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos mutuamente a llevar las cargas (Evangelii gaudium, Nº 67). El anhelo de unidad supone la dulce y confortadora alegría de evangelizar, la convicción de tener un inmenso bien que comunicar, y que comunicándolo, se arraiga; y cualquier persona que haya vivido esta experiencia adquiere más sensibilidad para las necesidades de los demás (Evangelii gaudium, Nº9).
Apoyemos al muro de Dios. “Él es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las debilidades” (Salmos 46,1).
LA COLUMNA DEL PADRE SAYU: La hiedra y el muro ¿un paradigma para todos?
Pueden escuchar los micros del padre Sayu, “Con Jesús y María mi vida es feliz”, lunes, miércoles y viernes a las 22, por FM Plaza 92.1. Correo: sajusvd@gmail.com