Ubicado sobre la calle Tucumán a la altura de su intersección con Chacabuco, se erige sobre una rotonda el monumento a los bomberos voluntarios. Su construcción fue encargada y financiada por el Rotary Club Pilar a mediados de la década de 1960. El encargado de idear el proyecto fue Fredy Llosa, que por entonces daba sus primeros pasos en la carrera de arquitectura. Para esto trabajó junto con Guillermina Burcheri. Sin embargo, el presupuesto no alcanzó y nunca se llegó a terminar (era como una gran espiral que remataba en una escultura). El dato más curioso es que los miembros del Rotary dejaron en su interior una “cápsula del tiempo” que solo sería develada en el año 2000.
Pero tan secreto fue el escondite, que llegado el momento de desentrañar el misterio nunca se encontró el cilindro que contiene los mensajes…