Al infinito y más allá

Desde hace más de una década se dedica a tomar astrofotos. En su casa de Pilar construyó su propio observatorio. Vida familiar entre galaxias, planetas y nebulosas.
 

8 de marzo de 2015 - 00:00

 


por Alejandro Lafourcade [email protected]

“A simple vista vemos casi siempre lo mismo, pero es increíble todo lo que hay en el cielo”, afirma Ezequiel Bellocchio y hay que creerle: dedicado a la astrofotografía, cada noche se encuentra con la belleza e inmensidad del universo, en un observatorio construido en su casa de Pilar.
Licenciado en Administración de Empresas, la astrofotografía es un hobby al que le fue dedicando mucho tiempo, y ahora sus imágenes son elogiadas hasta en publicaciones del exterior.
“Siempre me gustó la astronomía, pero retomé de grande, en 1998, haciendo cursos. Ya tenía un telescopio de baja calidad que usaba cada tanto, por eso me compré uno mejor”, recordó en diálogo con El Diario.
En esos primeros años “conocí bien el cielo: las estrellas, las constelaciones, los objetos de cielo profundo, nebulosas, galaxias… Hasta hice cursos de armado de telescopios propios. Desde ese momento me fui metiendo cada vez más adentro del hobby”.

Agujero
El panorama comenzó a abrirse hace diez año, cuando en el mercado aparecieron cámaras astronómicas a valores dentro de todo accesibles, “ya que hasta ese momento eran excesivamente caras y exclusividad de grandes observatorios. Los aficionados hacían fotos con rollos que ellos mismos revelaban, era más artesanal”.
Así, Ezequiel empezó a dedicarse de lleno a la astrofotografía, un aprendizaje largo en el que hay mucho para aprender. “Se fue formando una comunidad en el país de astrofotógrafos, nos conocemos y nos ayudamos mutuamente. Así como algunos grupos de amigos salen a pescar, nosotros salimos con telescopios”.
La cosa fue más allá en 2008: “Cuando estaba por nacer mi primer hijo, ya no iba a tener mucho tiempo, por eso decidí hacer un observatorio en mi casa… Con un agujero en el techo, ante mi mujer que con los ojos abiertos decía ‘qué va a hacer este loco’ (risas). Por eso, se abren las compuertas de un sector del techo de mi casa. Necesito este cable a tierra”.
Y asegura que el observatorio casero “me permite dejarlo funcionando y estar con mi familia, controlándolo cada ciertos minutos, incluso puedo hacerlo desde el teléfono”.
No obstante, a veces viaja para lograr mejores resultados. Así hay fotos, por ejemplo, desde Merlo (San Luis), La Pampa, San Rafael (Mendoza), el norte de Chile y otros destinos más cercanos, como San Antonio de Areco.
Al parecer, la pasión es hereditaria: “A mis hijos les encanta, están creciendo y es divertido compartirlo con ellos. A casi todos los chicos les gusta el tema de los planetas y el espacio”.

Cielito lindo
En esta disciplina “se depende mucho del clima y no tiene que haber luna, porque su luz molesta (salvo que el objetivo sea precisamente fotografiarla). Por eso, cuando se viaja a veces no todo sale así de óptimo. En casa abro el techo, si se nubla lo cierro y listo”.
El astrofotógrafo busca cielos oscuros para obtener mejores resultados, ya que –por su iluminación- en las ciudades solo se distinguen algunas estrellas, a diferencia de lo que ocurre a campo abierto.
Sobre esto, Ezequiel Bellocchio comenta que “de a poco, Pilar va a ir perdiendo el cielo, por las luces de la ciudad que va creciendo. Igual es desde donde hago la mayoría de mis fotos, 9 de cada 10 son tomadas en mi observatorio. El cielo de Pilar sigue siendo el más productivo para mí”. 


“De a poco, Pilar va a ir perdiendo el cielo, aunque sigue siendo el más productivo para mí”.


El dato
Las astrofotos de Ezequiel Bellocchio pueden verse en su sitio Web, www.astropilar.com.ar. La mayoría de las imágenes que lo componen fue tomada en el distrito.



¿Estamos solos?
Uno de los grandes misterios que siguen sin resolverse es el de la presencia de vida más allá de nuestro planeta. En este sentido, Ezequiel Bellocchio reconoce que algunas veces “me he encontrado con objetos en primera instancia desconocidos, pero finalmente todo termina teniendo una explicación”.
Sin embargo, afirma que “no estamos solos. La galaxia más cercana es Andrómeda, a 2,2 millones de años luz. Lo más lejos que llegué a fotografiar es a la Rueda del Carro, una galaxia que está a 500 millones. Un año luz es la distancia que recorre la luz durante un año, viajando a 300 mil kilómetros por segundo…”. Distancias incomprensibles, inabarcables para la pequeñez humana.
Por eso, el astrofotógrafo concluye que “para mí, definitivamente no estamos solos. Las distancias son tan lejanas que sería difícil hacer contacto desde nosotros hacia ‘ellos’ y viceversa, pero con la inmensidad del universo no hay ninguna duda de que no estamos solos”.
 
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