El primer jurado popular que se conformó para este tipo de juicios en la Provincia de Buenos Aires declaró ayer al imputado “no culpable”, luego de tres días de audiencias en los tribunales de San Martín y casi una hora de deliberación.
La decisión benefició a Guillermo Barros (28), quien llegó al debate detenido y acusado de haber matado a su ex cuñado Gabriel Armella (30) el 30 de enero del año pasado en el barrio Villa Hidalgo del Partido de San Martín.
Cerca de las 15, con el público de pie como habitualmente se recibe a los jueces, los seis hombres y seis mujeres del jurado, entre ellos amas de casa, jubilados, comerciantes y un científico, ingresaron a la sala colmada de público y tomaron asiento.
“¿Han arribado a un veredicto?”, le preguntó el juez Francisco Pont Vergés, coordinador del debate, al presidente del jurado, y el hombre, un vidriero de 35 años, contestó que sí y le entregó al magistrado el sobre con su decisión.
Tras examinarla un segundo y mientras había pleno silencio en la sala, el juez le pidió que leyera y el hombre dijo con voz firme: “Nosotros, el jurado, encontramos al acusado no culpable”.
Mientras la familia de Barros lloraba de alegría y lo abrazaba, el juez dispuso que el acusado, que llevaba un año preso, quedara en libertad.
“Estoy contento, confiaba en el jurado”, dijo el joven brevemente a la prensa antes de retirarse.
Antes de cerrar el debate, el juez dijo que no le correspondía opinar sobre el veredicto, pero les manifestó a los ciudadanos que “probablemente ahora no sean concientes de la enorme responsabilidad que asumieron”, pero descubrirán en los próximos días “la importancia que tuvo y tendrá para la historia institucional de esta provincia” la participación en este juicio.
Además, resaltó la importancia del nuevo procedimiento judicial “para el funcionamiento de la democracia y para consolidar la paz del pueblo”.
Por su parte, el ministro de Justicia bonaerense, Ricardo Casal, que escuchó el veredicto desde la primera fila, afirmó que la decisión del jurado popular “es un veredicto histórico de no culpabilidad que pone en un alto valor la soberanía ciudadana y popular”.
Después del juicio, los jurados volvieron a la sala de deliberaciones para trámites de rigor y en un clima distendido dijeron haberse sentido “útiles a la sociedad”, “emocionados” y que se había hecho justicia.
“Siento orgullo de que se hiciera justicia porque uno cría hijos y nietos y no sabe lo que les puede pasar. Yo hice justicia”, afirmó Ramona, una jubilada de 72 años, la mayor del grupo que se convirtió en la más mimada y con la que todos, hasta el juez, se querían sacar una foto de recuerdo.
“Estoy contento, confiaba en el jurado”.
GUILLERMO BARROS.