A clases: recuerdos de mi primer día de escuela

Varios vecinos de Pilar rememoran cómo fue aquella jornada inolvidable. Maestras, pizarrones y un viaje de la mano de los padres hacia un mundo desconocido.
 

1 de marzo de 2015 - 00:00

 Pocos días quedan tan marcados a fuego en la memoria como el primer día de clases: guardapolvo o uniforme, la cartuchera llena, hojas impecables y un nuevo mundo por descubrir. Mañana, miles de chicos experimentarán vivencias que dentro de unos años podrán contar en detalle.

“¿Qué recordás de aquel primer día de escuela?”, preguntó El Diario, recogiendo testimonios que hablan de épocas diversas. Hoy son profesionales, artistas, incluso docentes, que ayer fueron chicos asustados entrando a lo desconocido.
“Fue hace mil años (risas)… Tengo 51, y empecé en la Escuela 11 de Derqui –recordó Alberto Ceja, tatuador-. Me llevó mi vieja, estaba muy asustado pero enseguida se me pasó. Recuerdo que había aulas que eran dos vagones de tranvía, y si hacías algo te mandaban abajo de la campana… El portero, don Tapia, era muy especial, daba mucho cariño y contención”.
Hoy docente, Mabel Bastías comentó que “yo no había ido a jardín porque mi papi no quería desprenderse de mí, decía que era muy chiquita, pero yo era un personaje, leía el diario con él.... Estaba desesperada por ir, yo feliz y mi padre con cara de terror. Era una escuela italiana en Villa Adelina, el Alessandro Mazoni. Mi seño se llamaba Susana y era una dulzura”.
Otro que recordó a sus maestras fue Guillermo Peluso (artista plástico): “El colegio quedaba en la esquina de mi casa, y lo mejor era ver a mis maestras todos los días, y a mi seño preferida, Cristina Pandolfo”, agregando que “era el Almafuerte. Creo que me llevó mi vieja, con mi guardapolvo blanco. Tengo grabado en la memoria el olor de los lápices y a mi señorita Nelva”.

Recuerdos
Por su parte, Julieta Guidoni –hoy veterinaria-, relató que su inicio de clases “fue en el Casto Munita, de Belgrano. Entré cuando tenía 5 años, adelantada porque cumplo en octubre. Me llevó mi mamá, y el primer recuerdo es ver los pizarrones llenos de palabras que me puse a leer con la maestra al lado, que no lo podía creer: me habían enseñado mis hermanas mayores”.
Antes de convertirse en guitarrista, Jose Burgueño fue alumno del Instituto Modelo: “Fue en 1994, recuerdo ir acompañado de mis viejos y mi hermano, que empezaba 5° grado. Con el jopo bien parado, peinado a más no poder, ansioso por reencontrarme con mis amiguitos de preescolar y por conocer a los nuevos. La cartuchera llena, que a fin de año acabaría vacía por haber perdido todo…”.
El ingreso a 1º grado de Victoria Mora –psicóloga y escritora- “fue en lo que iba a ser mi escuela por trece años: el Instituto Madre del Divino Pastor, más conocido como el colegio de monjas. Antes iba a un jardín cerca de mi casa, muy familiar. El cambio fue duro, ya desde mirar el edificio y reconocer la inmensidad. También la cantidad de chicas y docentes era incontable para mis escasos 5 años. Sin embargo, tenía que superarlo, sabía de las expectativas familiares para que todo saliera bien y así fue”. 


“Iba a la Escuela 11 de Derqui, había aulas que eran dos vagones de tranvía”. ALBERTO CEJA.

 
“Estaba desesperada por ir, yo era feliz pero mi padre tenía cara de terror”. MABEL BASTÍAS.

 
“Tengo grabados en la memoria a mi señorita Nelva y el olor de los lápices”. GUILLERMO PELUSO.

“Me puse a leer y la maestra no lo podía creer: me habían enseñado mis hermanas”. JULIETA GUIDONI.

“Con la cartuchera llena, que a fin de año acabaría vacía por haber perdido todo…”. JOSE BURGUEÑO.

 
“El cambio fue duro, ya desde mirar el edificio (IMDP) y reconocer la inmensidad”. VICTORIA MORA.

 
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