Nuevamente se registraron largas filas en búsqueda de una vacante para la carrera docente, configurando un problema que no parece tener solución al corto plazo.
Más de un día de cola por una vacante
Abrió ayer la inscripción en el Instituto 51, que funciona en la Escuela Nº 1 del centro. Algunos aspirantes formaron fila desde el lunes. La situación se repite cada año.
Tal como ocurre con aquellos padres que buscan anotar a sus hijos en algún jardín o escuela del distrito, quienes quieren dedicarse a la docencia también pasan por el mismo trance: así, desde la tarde del lunes permaneció formada una fila en la vereda de la Escuela 1, donde funciona el Instituto Superior de Formación Docente Nº51. Los aspirantes esperaban conseguir alguna de las vacantes disponibles para el año próximo.
Precisamente, desde ayer a las 18 se puso en marcha la inscripción para los primeros años de las carreras que se dictan en el lugar: Inicial, Primaria, Secundaria, Lengua y Literatura, Historia, Geografía y Biología.
Los aspirantes indicaron que se otorgarán 50 números para cada carrera, por el momento. De acuerdo al sondeo que hizo El Diario en el lugar, la carrera más solicitada es Profesorado de Nivel Inicial. La situación se repite cada año, aumentando el número de personas que buscan un lugar, al mismo ritmo de crecimiento de la población y de la matrícula en cada nivel educativo.
Esperando
“Llegué el lunes a las 16 desde Maquinista Savio, es el lugar que más cerca me queda para estudiar”, indicó Rocío, segunda en la fila. “Si llegaba más tarde ya me iba a quedar sin vacante, porque es por orden de llegada”, agregó.
La joven comentó que “para ir al baño vamos a la terminal, pero de noche está cerrado y hay que aguantarse... Me traje comida y acá me prestaron una reposera”. Mientras esperaba conseguir un lugar para el profesorado de Inicial, Rocío dijo que “ya nos hicimos amigas con las chicas, dentro de todo se lleva bien, porque en el lugar ya nos dijeron que no se hacen cargo”.
Por su parte, Roxana, de 26 años y vecina de San Alejo, señaló que “estoy desde el lunes y pasé la noche en la vereda. Me acompañó mi marido, con mate y galletitas”.