Se cuenta que un joven príncipe fue enviado por su padre para aprender las riendas del liderazgo de un maestro chino. La primera tarea que el maestro le asignó fue pasar un año solo en el bosque. Cuando el príncipe regresó, le pidió el maestro que describiera lo que había oído, y respondió: -Pude escuchar a los zorzales cantar, el susurro de las hojas, el zumbido de los colibríes, el chirrido de los grillos, el soplo de la gramilla, el zumbido de las abejas y el murmullo y ruido del viento.
El maestro le dijo que regresara una vez más al bosque para escuchar lo que aún podía escucharse. El príncipe regresó y permaneció en el bosque varios días y noches, tratando de entender lo que el maestro le había pedido. Una mañana, comenzó a escuchar sonidos suaves que nunca antes había oído. Cuando regresó, el príncipe le dijo al maestro: -Cuando escuché con más atención, pude escuchar lo inaudible, el abrir de las flores, el sonido del sol calentando la tierra y el sonido de la gramilla bebiendo el rocío de la mañana.
El maestro asintió: -escuchar lo inaudible, dijo, es una disciplina necesaria para un buen líder. Pues sólo cuando un líder-presidente ha aprendido a escuchar los corazones de las personas, oyendo sus sentimientos no expresados, sus dolores y quejas indecibles, puede él inspirar confianza en la gente, comprender cuándo sucede algo anormal y encontrar las necesidades genuinas de los ciudadanos.
El Principito lo expresa mejor: Lo esencial es invisible a los ojos, sólo con el corazón se puede ver claramente.
Un amigo me contó: -Una vez estuvo en una farmacia para comprar un medicamento. Entró una pareja y al ver que la mujer tenía una enfermedad de piel, nos corrimos por miedo al contagio, mientras que el esposo la asistía devotamente y la ayudó a sentarse. Nosotros vimos la piel infectada y temimos el contagio, mientras que el marido veía a su mujer con los ojos del amor. El corazón del líder debe ver claramente lo invisible.
El amor al prójimo cambia todo y es lo que nos da la credibilidad de nuestro servicio. Es lo que necesita nuestro próximo líder- Presidente: vivir la coherencia y ganar la credibilidad. El Papa Francisco como “presidente” eclesial, vive la coherencia y ganó la credibilidad mundial.
Necesitamos un Presidente que nos vea con el corazón comprensivo, como Jesús (Mateo 11, 29 11)… [Continuará el próximo domingo]