En esta jornada del balotaje, me gustaría hablar sobre la familia. Porque en ella nacemos, crecemos aprendiendo y maduramos; luego formamos nuestra propia familia, ahí envejecemos hasta el momento de partir. Quien gane o pierda hoy es importante pero relativo, lo que tenemos que asegurar es el triunfo de nuestra familia.
Más allá de tantos cambios que ha sufrido la familia, en cuanto a su concepción desde el nuevo código civil, sigue siendo la formadora de todo por excelencia. Es la primera escuela donde el niño logra su desarrollo personal y cultural, adquiriendo los grandes valores universales que marcan el rumbo de nuestra sociedad.
El Papa San Juan Pablo II definía a la familia como buena noticia; ser y vivir como familia no es un ideal inaccesible, sino una vocación que espera una respuesta. La sociedad actual plantea como gran desafío que la familia sea realmente una buena noticia para compartir, a pesar de las dificultades que plantea toda convivencia humana.
La familia puede ser y debe ser la familia de Dios por lo que se podría decir que el espíritu familiar es la carta magna de la Iglesia. Así el cristianismo debe aparecer y así debe ser, afirmó el Papa Francisco en el Sínodo de los Obispos sobre la Familia. Recordó que la familia que camina en la vía del Señor es fundamental en el testimonio del amor de Dios y merece por ello toda la dedicación de la que la Iglesia es capaz.
La familia abre a toda la sociedad una perspectiva más humana, representando una visión de la relación humana edificada sobre la libre alienación del amor.
Es ella la que introduce la necesidad de lazos de fidelidad, sinceridad, confianza, cooperación, respeto; anima a proyectar un mundo habitable y a creer en relaciones de confianza, también en condiciones difíciles. Pero además, enseña a honrar la palabra dada, el respeto de las personas, el compartir los límites personales y los de los demás.
Con toda su ciencia y su técnica, la sociedad moderna no está todavía en grado de traducir estos conocimientos en mejores formas de convivencia civil.
Las familias saben bien qué es la dignidad de sentirse hijos y no esclavos. De aquí, de la familia, Jesús retoma su paso entre los seres humanos para persuadirlos de que Dios no los ha olvidado. Que cada familia transite un hermoso camino: un camino fecundo; donde el amor crezca (Lucas 2,40).
Pueden escuchar los micros del padre Sayu, “Con Jesús y María mi vida es feliz”, lunes, miércoles y viernes a las 22, por FM Plaza 92.1. Correo: [email protected]