“Yo no dejé nada, yo fui por todo”
Hace tiempo que la familia Zapp es noticia. Algo así como 15 años, cuando sorprendieron no solo a sus familiares al iniciar un viaje en un auto del año 1928, desde Buenos Aires hasta Alaska. Luego se fueron agregando nuevos destinos, recorridos a un máximo de 70 kilómetros por hora. También se sumaron los 4 hijos que nacieron en viaje, con los que vienen recorriendo todo el globo y encararán por dos años el último tramo desde Kenia (África) hasta Europa.
Para sorpresa de muchos, Herman Zapp y Candelaria Celus son pilarenses, y en ese período de ausencia volvieron solo dos veces por estos pagos para iniciar trámites, renovar otros y, por supuesto, compartir el tiempo con sus familiares, quienes por fin pudieron conocer a sus hijos Pampa, Tehue, Paloma y Wallaby.
El Diario compartió un almuerzo con ellos y su sueño convertido en un estilo de vida muy particular y sin frenos.
¿Quién no escuchó o leyó alguna vez sobre una historia similar, de gente que tomó un rumbo totalmente diferente al que llevaba? Entre esas líneas o frases las describían como personas que “lo dejaron todo para…”. Pero para entender la decisión de la familia Zapp, hay que predisponerse a conocer un punto de vista diferente.
“Yo no lo dejé todo, yo fui por todo”, cuenta Herman a El Diario mientras aguarda a ser atendido en una casa de comida rápida, junto al resto de su familia.
“Pensá que yo no dejé nada. La gente está atada a facturas de teléfono, de luz, nosotros teníamos este sueño”, continúa sobre aquello que planeó junto a la persona con la que creció, su esposa Candelaria.
Para ilustrar su vida tomó un episodio vivido en la visita de la familia pilarense a una tribu donde los pobladores del lago Titicaca (Bolivia) habitan sobre islas hechas a partir de plantas y musgos. “Le pegunté dónde tenía sus cosas. Me dijo ‘éstas son todas mis cosas, si agrego algo me hundo’”, recreó lo que tomó como metáfora para su vida: “Yo ya tengo todo. Tengo mi sueño, si no me hundo”. Al mismo tiempo, dejó una pregunta: “¿Quién es más loco, el que cumple su sueño o el que lo abandona?”.
Entender la otredad
En una mesa los cuatro chicos comen y a su vez juegan con los juguetes que eligieron con la comida, alternando el castellano y un inglés aprendido a la perfección. En otra, Herman y Candelaria, junto al periodista, dialogan sobre los trámites que se necesitan para seguir camino. “Ellos son re compañeros, se llevan fantástico”, explica su madre sin quitarles la mirada, escapándole con gestos al orgullo que siente por ellos.
Es inevitable preguntarle a una familia que viaja por el mundo con un auto antiguo, de qué viven (tanto ellos como el vehículo necesitan alimentarse para funcionar, sin detenernos en detalles).
La pregunta lo lleva a Herman a pensar en el inicio allá por enero de 2000, con el norte puesto en Alaska, cuando salieron con 4 mil dólares que se esfumaron en Ecuador. “Ella nunca había pintado y se puso a pintar con acuarelas”, recordó sobre esa época en la que creyeron que podían ganar más dinero vendiendo obras de Candelaria que con un sueldo fijo. “Íbamos a las casas más grandes”, insistió el viajero. Otro aporte lo da su libro “Atrapa tu sueño”, traducido en varios idiomas, insertado en el continente asiático y que en nuestro país logró vender 50 mil copias.
La respuesta a otra incógnita se resume en la capacidad de Candelaria de oficiar de docente de sus hijos durante las mañanas, incluso con exámenes.
Registro
Herman Zapp podría tener su licencia la semana próxima. Así lo informó la familia, que tenía imposibilitada la renovación del carné dado que debía esperar 3 meses para partir hacia África y retomar su viaje. “Si no aparece ningún otro escollo para el miércoles estamos estrenando registro”, publicó Herman en su página de Facebook.