por Celeste Lafourcade
La necesidad de justicia o el instinto de supervivencia hicieron que la aparente fragilidad con la que Catalina Ramírez se enfrentó por primera vez a los medios, en febrero del año pasado, se corriera para dejarle lugar a una fortaleza arrolladora.
Desde que Reinaldo dejara de ser sencillamente “su negro” para convertirse en el protagonista del “Caso Rodas”, su viuda y madre de su único hijo supo que la reparación del dolor estaba sujeta a su capacidad de lucha.
En la mañana del 17 de febrero de 2013, mientras se dirigía en bicicleta al country Mapuche donde trabajaba como vigilador, Rodas fue atropellado en Panamericana por Pablo García, quien continuó conduciendo con el cuerpo incrustado en el vehículo por 17 kilómetros hasta el peaje. El control de alcoholemia determinó que el joven de 28 años tenía 1,45 gramos de alcohol en sangre, el triple del máximo permitido.
-¿Cómo transcurre el primer año después de una tragedia?
- Los primeros meses son muy lentos a pesar de que uno está en movimiento con todos los papeles. El tiempo empezó a pasar más o menos normal cuando empecé a trabajar, en noviembre (está a cargo de la cocina del club house del country El Jagüel). Para mí el trabajo es una terapia. Pero febrero es muy triste porque justo el sábado 15 mi marido hubiera cumplido 54 años. El año pasado él quería festejarlo y no había gente para reemplazarlo, había comprado asado, bebida y pensaba hacerlo el domingo, pero no pudo. Febrero es muy horrible (se quiebra).
-¿Tiene contacto con Pablo García?
- Sí, hablé con García en San Isidro y le pedí perdón. Soy muy creyente y tenía una mochila muy cargada de odio hacia él. Le deseaba lo peor. Tengo un cura amigo que me decía que iba a estar tranquila y me iba a recuperar cuando pidiera perdón. Y yo le decía: ¿cómo le voy a pedir perdón si él mató a mi marido? Pero me decía que partiéramos del Padre Nuestro que dice que tenemos que perdonar a los que nos ofenden. Cuando rezaba lo primero que pedía era el don del perdón; es muy difícil perdonar.
-¿Cómo fue el día que se encontraron en San Isidro?
- Él ya estaba adentro. Cuando nos vimos le pedí que me perdonara porque yo le deseaba lo peor que se le puede desear a una persona. Y él se sorprendió y me dijo que era yo la que lo tenía que perdonar a él. Fue una charla muy especial para ambos que nunca vamos a olvidar. Va a quedar grabada en mi vida. Ahí me di cuenta qué hermoso que es perdonar.
-¿Sintió sincero el pedido de perdón de García?
-Sí, estaba muy mal.
-¿Usted lo llegó a perdonar profundamente?
- Sí, por eso acepté que vaya a verme al house con su familia. Siempre está pendiente si necesitamos algo.
-¿Ese acercamiento le sirvió para humanizarlo más?
- Sí, está muy cambiado. Tuve la oportunidad de hablar con la señora y me agradeció por haberlo perdonado. Yo me siento feliz, útil, porque hice un bien para otra familia. Porque acá mal o bien estamos quebradas dos familias.
Perdón y justicia
La historia de amor entre Catalina y Reinaldo duró 16 años. Para ella, fue su segundo matrimonio y también el amor de su vida. Juntos llegaron desde Salta para armar una nueva vida en Pilar, donde nació Rodrigo, el único hijo de la pareja.
-¿Intenta también inculcarle el perdón a su hijo?
- Yo le pido a Dios que me de sabiduría para hablar con mi hijo. A pesar de la tristeza trato de decirle que miremos para adelante. Es muy difícil. A García lo vio en el house y hablaron un poco porque la señora de él se acercó, pero del tema nada.
-Es un desafío educarlo sin resentimiento.
- Por esa razón el pilar mío es rezar. Porque estoy sola y tengo que evitar el egoísmo. Yo no lo quiero llenar de odio a mi hijo porque está en una edad muy difícil, yo le digo que a pesar de todo fue un accidente. Yo sé que no lo fue por la forma en la que me lo mató, pero tenemos que tratar de sobrellevarlo porque él es chico.
-¿Qué espera de la Justicia?
- Yo tengo una remera que siempre la llevo. Nunca voy a dejar de pedir justicia.
-¿Justicia sería que García vaya preso?
- Que vaya preso. Hablaré con García pero no me voy a bajar de mi pedido. Me dejaría conforme un fallo en el que él vaya preso, menos que eso no. No me gustaría que sea uno de los tantos casos que queden impunes.
-¿Qué es lo que más le indigna del hecho, que haya ido borracho o que haya seguido con el cuerpo?
- Que se lo haya llevado puesto 17 kilómetros. Hubiese sido distinto incluso si lo hubiera chocado y lo hubiera dejado tirado. Porque alguien lo iba a ver y me lo iba a tratar de salvar. Por esa razón no me voy a bajar de mi pedido.
-¿Económicamente recibe ayuda?
- Con lo que recibí de la ART pude comprar esta casa (en el centro de Pilar). Tengo mi pensión y mi trabajo. En el colegio de mi hijo solo pago la inscripción, pero las cuotas no. Ninguna ayuda más.
-¿Cómo era Reinaldo?
- Era un papá enfermizo. Yo tengo cuatro hijos más grandes de un matrimonio anterior pero Rodrigo es el único hijo de Reinaldo. Era muy detallista, vivíamos en una casa que se estaba por caer pero los cumpleaños siempre se los festejó con todo, era un papá excelente. Y la educación de su hijo era fundamental. A García le dije: “vos no tenés idea la clase de hombre y de papá que era Reinaldo”.
-¿Quién lleva la cruz más grande, ¿el que tiene el dolor o el que lo provocó?
- El que provocó el dolor. Esa persona no se saca más esa cruz. Me imagino cómo debe estar por estos días.
-Cuando llega la pregunta ¿por qué a él? ¿Qué se responde?
- Antes esa pregunta no me la podía ni contestar. Ahora sí, y es porque todos tenemos marcado el día y la hora. Dios es el único que sabe por qué. Era la hora de él. Él es un ángel, nunca va a dejar de estar con nosotros y lo va a ser hasta que yo me muera. Está conmigo acá, en todos lados.
Las claves del caso
• 17 de febrero: Cerca de las 6.30 mientras circulaba en bicicleta en el Km. 52 de la Panamericana, Reinaldo Rodas es atropellado por Pablo García, de 28 años, que conducía un Peugeot 504 con 1,45 gramos de alcohol en sangre. El conductor continuó su recorrido con el cuerpo de Rodas incrustado en el vehículo durante 17 kilómetros hasta el peaje, donde fue detenido.
• 22 de febrero: Declaran los primeros testigos en la Fiscalía de Pilar.
• 2 de mayo: El acusado declaró ante la fiscal de Pilar, María Inés Domínguez, y responsabilizó a la víctima por circular en bicicleta por la autopista.
• 8 de junio: La Justicia le negó el sobreseimiento a García.
• 30 de septiembre: García es sometido a pericias psicológicas en la Asesoría Pericial de San Isidro. Allí se encontró con Catalina Ramírez y le pidió perdón por lo ocurrido. Acordaron terminar con las agresiones.
• La causa hoy: El abogado querellante, Roberto Damboriana, anticipó a El Diario que el requerimiento de elevación a juicio está próximo. “Vamos a evaluar si queda alguna medida pendiente”, explicó. Aseguró que “declararon 22 testigos para aseverar la alcoholemia de Pablo García, todos los que participaron de la cadena de custodia”, dado que la misma no fue rotulada oportunamente.
Señaló que el resultado de las pericias psicológicas también favoreció a la querella. “No quedó acreditado el shock emocional que alegó García”, manifestó Damboriana, asimismo, indicó que “está pendiente una reconstrucción del hecho”.
En cuanto a la carátula con la que llegaría al juicio oral, el letrado confía en que el requerimiento de la fiscal será “homicidio con dolo eventual y subsidiariamente homicidio culposo”. “No está todavía el requerimiento pero llegaría de esa forma”, confió. El homicidio con dolo eventual tiene una pena mínima de 8 años.