Como si los hubiese adoptado como propios, el río Luján no quiere abandonar los barrios que invadió y pese al buen tiempo de los últimos días apenas bajó 1 de los 5 metros que alcanzó en el pico de la subida.
Los vecinos siguen en sus refugios esperando que el agua se vaya, mientras las expectativas son poco alentadoras, “a este ritmo tenemos 4 o 5 días más para que baje del todo”, aseguran ribereños conocedores del comportamiento del río.
Las autoridades toman esas palabras y aseguran que el miércoles próximo, aproximadamente, el agua estará en su cauce. Pero advierten que está latente la posibilidad que la situación puede complicarse aún más si el clima vuelve a jugar una mala pasada con más lluvias.
En algunos de los barrios alcanzados por la creciente, como ocurre en un sector del Manantial y Carabassa, los vecinos comenzaron a limpiar sus casas, aunque el agua está a solo unos 40 metros de sus viviendas.
“A los sectores de los barrios en los que el agua se fue, ya se les pudo dar electricidad para que puedan utilizar las bombas y limpiar lo que dejó la crecida”, contó a El Diario el titular local de Defensa Civil, Rubén Romero.
Los barrios reciben asistencia y artículos de limpieza tanto desde los organismos municipales como de las distintas agrupaciones que distribuyen mercadería, cloro y otras necesidades que tienen los afectados.
“Se fue el agua pero queda lo peor”, aseguró Carla, vecina de La Lomita, mientras con un bidón de cloro entregado por jóvenes molinistas, se retiraba hacia su vivienda. “Hay que limpiar barro, bichos y tratar de evitar las pestes. El olor que hay en mi casa es insoportable”, explicó y cerró: “Lo más triste es empezar a tirar cosas que tanto le costó a uno poder tenerlas”.


