Ocho hermanitos siguen aguardando la ayuda prometida

Tienen entre 2 y 19 años años. Tuvieron que irse a vivir con su abuela cuando su padre asesinó a su madre. Hubo promesas de políticos en campaña, pero el apoyo jamás llegó.

13 de agosto de 2013 - 00:00

Son ocho hermanos. Su papá asesinó a su madre meses atrás y quedaron a cargo de su abuela, con un sinfín de necesidades. Su caso fue a dado a conocer por El Diario y conmocionó a muchos. Llegó algo de ayuda de la gente y varias promesas de políticos en campaña. Y como muchos de ustedes imaginarán, fueron solo eso, promesas. Hoy siguen necesitando una perforación para el agua y materiales de construcción para levantar una nueva habitación. Y contención, mucha contención.

Dos meses y medio han pasado desde aquel día en que, frente a cuatro de los ocho hijos, el padre asesinara a su madre, Virginia Romero, en la localidad de Open Door (Luján).

Luego de algunos días, los familiares más cercanos de la víctima lograron reunir a todos los hermanitos y los llevaron a vivir con su abuela materna, al barrio La Lomita de Pilar.

Al llegar a la casa de su abuela Susana, se encontraron con que serían muchas las necesidades en el lugar ya que como en varias ocasiones comentaron sus familiares a El Diario, los chicos habían llegado a La Lomita “con lo puesto”. “La gente como siempre se comportó de 10. Nos traen siempre leche, mercadería, ropa. Cosas que los chicos fueron usando”, señaló su tía Gabriela, quien además explicó que lo que más se necesita siempre es azúcar y leche.

 

A la espera

Desde el primer momento se dio a conocer que la modesta casa de Susana se había encontrado de repente con ocho nuevos habitantes. Por lo tanto, en primera instancia se requería de una nueva perforación para que los chicos pudieran disponer de agua adecuada para consumo e higiene.

“Me dijeron que ya estaba, pero todavía estamos esperando, que era lo más urgente”, comentó la tía de los chicos, sobre la promesa que desde el Municipio le habían hecho al poco tiempo de hacerse pública la llegada de los chicos a Pilar.

Como respuesta a esta promesa incumplida, desde el Instituto Madre del Divino Pastor, las hermanas Margarita y Virginia se solidarizaron con la familia y prometieron que será el establecimiento el que colabore para que se realice la perforación y la colocación de la bomba correspondiente.

Desde Nación recibieron ayuda para lo que será una nueva habitación en la vivienda del barrio La Lomita, que actualmente da asilo a los ocho hijos de la mujer asesinada, a otros 4 primos, una tía y la abuela.

Por las noches, los ocho hermanos se reparten entre las casas de otros tíos, y esto será al menos hasta que se pueda construir el nuevo espacio, ya que la casa cuenta con una sola habitación, un comedor y un baño.

Pero solo han recibido algunos de los materiales, por lo que no se pudo comenzar con su construcción, que estará a cargo de dos de los tíos de los chicos. “Todavía estamos esperando el resto de los materiales”, dijo la mujer a El Diario, quien indicó que la nueva habitación servirá “para que mi mamá se pueda mudar con las chicas y estén mas contenidas”.

 

Testimonio de la tía

“Extrañan muchísimo a su madre”

La edad de los chicos va de los 2 a los 19 años. Desde el primer instante que arribaron a Pilar se les brindó apoyo psicológico desde la Secretaría Nacional de Niñez, principalmente a los cuatro que presenciaron la escena del crimen.

“Más pasa el tiempo, más la extrañan y necesitan. Pero dentro de todo están más tranquilos en algunos aspectos”, indicó Gabriela, tía de los ocho hermanos.

Pero la mayor preocupación pasa por el estado de salud de dos de los menores. Rocío, de 15, sufre constantes crisis y es la única que está medicada, aunque aseguran que dados los resultados podrían aumentarle las dosis.

“Le hacen falta sus fotos y cosas que no podemos tener”, explicó la mujer. El otro caso preocupante es el de Cristian, a punto de cumplir 10 años: “Le agarran crisis muy violentas de golpear y escapar. Las tenía antes de venir y ahora son más graves, no tiene un control”, contó la mujer. En tanto aguarda a que el psiquiatra pueda darles un turno para tratar al chico, y a la espera de obtener el permiso por parte del padre -en prisión- para la guarda.

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