Por Alejandro Benedetti
Nadie ignora los inconvenientes de los usuarios de Edenor a la hora de reclamar por incrementos en las boletas, cortes de la energía u otros trámites que deberían ser simples. Desde hace meses, largas colas se suceden en su oficina de calle Chacabuco de Pilar, y muchos padecen hasta cuatro horas de cola antes de que comience la “atención” al público.
Pero entre los miles y miles de reclamos, hay uno emblemático: a un vecino le “renunciaron” el subsidio, las facturas le empezaron a llegar con el 600 por ciento de aumento, perdió meses para demostrar que jamás se adhirió voluntariamente a la quita del mismo y finalmente la empresa reconoció “el error” y se lo readjudicaron. Sin embargo, ahora le exigen los miles de pesos que se negaba a pagar cuando le sacaron el subsidio, so pena de cortarle el suministro en su vivienda del barrio Las Lilas de Presidente Derqui.
“Trabajo por mi cuenta y pierdo unos dos días semanales en Edenor, si sigo así voy a armar un microemprendimiento para vender café con facturas a toda la gente que, como yo, hace esa cola infernal, y así recupero la plata que me hacen perder”, dijo irónicamente Ramón Camelino, mientras mostraba las facturas, certificados, formularios, intimaciones, teléfonos, nombres de ignotos empleados que responden a los 0800, y direcciones de oficinas públicas donde buscó asesoramiento.
Desde 1980 el damnificado se domicilia al 3100 de la calle Las Gardenias del barrio Las Lilas, que con el lindante La Alborada, carece de asfaltos -salvo algunas pocas arterias-, gas natural, agua corriente, cloacas, buena iluminación, veredas o zanjas limpias.
“No vivo en una zona residencial que justifique la quita de mi subsidio”, fundamenta Ramón. Todo empezó en enero de 2012, con una factura por 1.500 pesos cuando el bimestre anterior había pagado 135.
Así comenzó su largo peregrinaje por la vereda de calle Chacabuco. “Quédese tranquilo que usted no es el único, esto se soluciona enseguida para el próximo bimestre”, le dijo entonces un empleado.
Ramón dudó de esa respuesta ya que la experiencia con Edenor le indicaba todo lo contrario: en 1980 solicitó su medidor nuevo y la empresa le aseguró que el inspector iría “en no más de 15 días”; pero tardó 10 años en llegar. Además le sucedió algo casi insólito: es el único en varias manzanas al que le quitaron el subsidio. “Cuando empecé el reclamo lo primero fue saber el porqué de la quita, y un empleado me muestra en una computadora que yo figuraba como renunciante voluntario, o sea que ellos me renunciaron, porque yo jamás lo hice”, recuerda Camelino. Alentado por la respuesta del empleado no pagó semejante suma y esperó la factura del siguiente bimestre. Y esta vez le llegó con casi 2.000 pesos.
No solo que no le retornaron el subsidio si no que le aumentaron. Así volvió a Edenor para ver cómo se le escurrían largas horas junto a cientos y cientos de personas durante meses. Pero un día tuvo otra noticia esperanzadora: “A usted le faltaba un código, ese era el problema, pero ya lo encontramos, vaya tranquilo”. Sin embargo, la siguiente boleta le llegó sin el subsidio y con otro aumento.
Defensa del Consumidor y Defensoría del Pueblo lo tuvieron a Ramón Camelino como asiduo visitante a lo largo de un año y medio. Hasta que un encargado de Edenor le sugirió otra alternativa: “Vaya al Ministerio de Planificación Federal, en Capital, porque acá nos figura que usted renunció al subsidio”.
Al cabo de 7 bimestres con aumentos siderales el hombre estaba a fojas cero. “Yo nunca los pagué porque en Edenor, desde un principio, me dijeron que era un error de ellos que pronto sería subsanado”, acota Camelino.
En el Ministerio chequearon todo lo suyo y se constató que nunca había adherido voluntariamente a la quita del subsidio. Le dieron para llenar un formulario de Solicitud de Anulación Voluntaria de Subsidio del Estado. Luego se lo certificaron y lo presentó en Edenor; obviamente luego de perder medio día haciendo cola.
“Me corrió un frío por la espalda cuando me dijeron que ahora sí se había terminado el problema”, dice Ramón al recordar su antepenúltima visita a la empresa privada que desde hace 20 años explota el suministro eléctrico en toda la zona norte.
Pasaron dos meses más y llegó la nueva factura con vencimiento para hoy. Efectivamente, podía leer claramente las grandes letras rojas y cruzadas de su retornado subsidio.
Pero al desplegar la boleta “casi me desmayo porque me intimaban a pagar unos 3.500 pesos devengados de los bimestres sin el subsidio y que yo no pagué porque ellos reconocían que se habían equivocado”.
Ramón volvió bien temprano a las largas colas de Edenor. Al cabo de más de dos horas lo atendió un empleado que lo escuchó en silencio mientras manejaba una computadora. Al final del relato de sus peripecias solo le dijo lo que Camelino esperaba no volver a escuchar: “Quédese tranquilo que usted no es el único, esto se soluciona enseguida para el próximo bimestre”.
La frase
“Casi me desmayo porque me intimaban a pagar unos 3.500 pesos devengados de los bimestres sin el subsidio y que yo no pagué porque ellos reconocían que se habían equivocado”. Ramón Camelino.
